En estos tiempos en que la tentación por el totalitarismo acecha, vale la pena ver este programa que traza un vívido atisbo del devenir del planeta de haber caído bajo el yugo de la madre de todas las dictaduras.

La Alemania de Hitler y sus aliados, los japoneses, han vencido en la Segunda Guerra Mundial y se han repartido lo que fuera Estados Unidos, tras asesinar al presidente Franklin Delano Roosevelt y lanzar la bomba atómica sobre Washington, de cuyo mítico Capitolio queda solo un cascarón. En el este, la nación aria ha establecido una colonia, el Gran Estado Nazi, con capital en Nueva York; mientras que los nipones han hecho lo propio en el oeste con los Estados Japoneses del Pacífico, cuya sede de gobierno es San Francisco. Las naciones están separadas por la Zona Neutral, que se asienta en las Montañas Rocosas y es la más atrasada de todas.

Los capítulos de The man in the high castle, o El hombre en el castillo, que arrancan en 1962, impactan al mostrar cómo ahora es ley toda esa ignominia que puso en alerta al mundo cuando Hitler empezó a expandir su poder por Europa, tres décadas atrás. Los alemanes continúan su cacería racial contra las minorías y aplican sin contemplación la eutanasia a los ciudadanos con discapacidades o enfermedades crónicas. De ello ni siquiera se salva el hijo del Obergruppenführer John Smith, un gringo que llega a ser el máximo representante de Hitler en el país.

Pese a la infamia, hay avances. Se usan ya los teléfonos con video, y aviones muy similares a los Concorde sobrevuelan los aires. Mientras tanto, en Berlín, embellecida con impresionantes construcciones que simbolizan su estatus como la urbe más poderosa, Hitler está viejo y decrépito, y enfrenta conspiraciones para derrocarlo.

En los Estados Japoneses del Pacífico, por su parte, el régimen aplica una mucho más cruel discriminación racial y los habitantes gozan de los mínimos derechos. La alienación cultural es total: todos están obligados a saludar haciendo la venia y abundan los restaurantes de sushi y estudios para la práctica de artes marciales. En los dos lados, el jazz y el rock están prohibidos, pues son vistos como una ofensa contra las razas dominantes.

La geopolítica no es la más apacible. Hay tensiones subrepticias entre europeos y asiáticos, al tiempo que un movimiento de resistencia, liderado en especial por los negros, es duramente perseguido.

La lucha por el aniquilamiento de la opresión entrecruza los caminos de Juliana Crain, el propio Obergruppenführer Smith, el agente encubierto Joe Blake y el ministro japonés Nobusuke Tagomi, entre otros personajes. Juliana, la figura central de “los buenos”, una experta en aikido de la zona japonesa, se rebela contra el sistema cuando descubre una serie de películas en las cuales los alemanes de Hitler pierden la guerra y Estados Unidos lanza la bomba atómica sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Los filmes, que no son otros que los que acostumbramos a ver en los documentales históricos, provienen de un tal “hombre del castillo”, lo que le da título a la serie, y no solo han impactado a Juliana, sino que son uno de los grandes motores del movimiento de resistencia.

Alexa Davalos es Juliana Crain, quien se rebela contra el régimen japonés que domina en el oeste, al conocer las películas del misterioso “hombre en el castillo”.

Tras una serie de aventuras, y gracias a la expansión de la mente que logra a través del aikido y la meditación, Juliana descubre que lo que muestran los filmes sucede en una realidad paralela. Los alemanes también lo saben y elaboran la teoría del multiverso, según la cual no hay dos sino muchísimos más de estos mundos, e inventan una máquina para transportarse entre ellos. Todo con el fin de robar lo mejor de la tecnología y el desarrollo militar de los demás lugares, para seguir expandiendo su perverso sistema. Es, igualmente, un arma para combatir la resistencia, cada vez más amenazante.

La serie, creada por Frank Spotnitz, quien se basó en el libro The man in the high castle, de Philip K. Dick, ha sido recibida favorablemente por la crítica. El sitio Rotten Tomatoes, por ejemplo, le ha concedido calificaciones de hasta 95 por ciento de aprobación.

Esa buena estrella la ha acompañado en su cuarta y última temporada, estrenada a mediados de noviembre. En los nuevos episodios, Juliana ha logrado traspasar la otra realidad, es decir, la que se conoce por la historia, y ha entrado en contacto con Smith, quien aquí es un modesto vendedor de seguros en un pueblo cualquiera. ¿Logrará desentrañar la clave para que los rebeldes tumben a los nazis? La respuesta está en Prime Video, el servicio de streaming de Amazon, que se ha anotado un hit con esta ambiciosa producción.