Mi generación se formó a base de cool jazz y de Jack Kerouac. Andábamos por ahí con buzos de cuello alto, hablábamos de existencialismo… Pasábamos la noche en vela y luego dormíamos hasta las tres de la tarde”. Al final de cada jornada y sin un peso en el bolsillo, Jack Nicholson salía a caminar por Sunset Boulevard hasta los billares que quedaban entre salones de tatuajes y prostíbulos, y allí pensaba cómo reunir la plata para pagar el alquiler. Era 1955 y el actor, nacido en Neptune, Nueva Jersey, llevaba apenas un año en Hollywood. Antes de ser la superestrella de cine, pasó su primera década en la Costa Oeste sobreviviendo con 30 dólares semanales, en un trabajo de oficinista en el departamento de animación de MGM.

Su tardío ascenso a la fama, una vida llena de drogas y sexo, y la revelación de un escandaloso secreto familiar son solo algunos de los aspectos revelados por Marc Eliot en Jack Nicholson, la biografía. Este autor estadounidense ha publicado libros sobre cultura popular y biografías de Clint Eastwood, Walt Disney, Ronald Reagan y Steve McQueen, entre otros. La obra le tomó más de cuatro años de investigación y una minuciosa reconstrucción del rompecabezas que ha sido la vida del actor de El resplandor. Como mencionó en una entrevista en 2013, el libro no solo expone en detalle la participación de Nicholson en las 65 películas que dirigió, produjo, escribió o protagonizó, sino que también revive los años de las grandes distribuidoras y productoras de cine de la época y pone al descubierto la fuerte influencia de las drogas, de las que Nicholson no fue ajeno, como combustible de la creatividad artística.

Con 19 años, obtuvo un pequeño papel en Té y simpatía, un episodio del teleteatro en vivo Matinee Theatre.

Entre los episodios acumulados durante 80 años, Eliot resalta uno que partió en dos la vida del actor. En 1973, dos estudiantes de cine querían hacer su tesis sobre el hombre que soñó con ser el próximo Marlon Brando. Le enviaron cartas diciendo que era una investigación sobre su filmografía y no sobre su vida privada, pero Nicholson estaba en Europa rodando El reportero. Un año más tarde, los estudiantes le enviaron un mensaje con el más devastador hallazgo: June Nicholson, a quien Jack siempre había llamado “hermana”, era realmente su madre; y Ethel May, quien creía que era su madre, en verdad era su abuela.

Eliot describe la manera en que la noticia lo dejó “destrozado y conmocionado”. No era para menos, fueron 37 años de engaño, no se enteró por cuenta de su familia sino de la mano de dos curiosos y, para colmo, todo pasó cuatro años después de la muerte de Ethel y June, de modo que nunca pudo hablar sobre esto con ellas. “Enterarme de esto me ayudó a comprender un montón de cosas. A verificar intuiciones muy sutiles que antes no podía tener”, dijo Nicholson, tras impedir que Time publicara la historia.

En el momento de esa revelación, el actor ya había rodado más de 20 películas. Las 15 primeras fueron producciones independientes en las que trabajó junto a Dennis Hopper, Peter Fonda, Karen Black, Bruce Dern y Bert Schneider, entre otros actores, productores y directores inspirados en la Nueva Ola francesa. Después llegó la gran oportunidad en Easy Rider, la cinta que lo puso en el foco de todas las miradas de Hollywood. En el cuadro que lo hizo famoso, Jack interpreta un monólogo con gestos copiados de Los tres chiflados. “Esa escena en la fogata, hablando sobre ovnis y todo eso, la hice con guion en mano. Lo tenía escondido bajo la chaqueta. Parece improvisada, pero la mayor parte había sido escrita”. Según una entrevista que dio a Playboy, la filmó después de fumar 155 porros.

Entre los muchos romances que tuvo con modelos y actrices, se destacaron sus relaciones con Karen Black y Anjelica Huston.

Easy Rider fue presentada en Cannes en 1969. Al final de la proyección, cuando el público se levantó a aplaudir su interpretación, Nicholson escuchó su voz interior: “Soy una estrella”, y desde ese momento fue el chico dorado de la industria. De ganar 300 dólares a la semana llegó a recibir 1,25 millones. Su fortuna sobrepasa hoy los 400 millones. Después de Easy Rider vinieron Chinatown, Atrapado sin salida, Algunos hombres buenos y Mejor imposible, solo por nombrar algunas. Tres premios Óscar (dos de ellos a mejor actor), más de diez nominaciones y amistades entrañables con directores como Stanley Kubrick.

En cuanto a sus romances, su gran carisma, sonrisa maliciosa y cejas arqueadas le sirvieron para seducir a rubias impresionantes como Sandra Knight, Susan Anpach, Karen Black y Rebecca Broussard. Una de sus relaciones más sonadas y turbulentas fue la que sostuvo con Anjelica Huston. Sus años con la excéntrica actriz pelinegra (la excepción a la regla de las rubias) estuvieron marcados por la sombra paterna del actor John Huston y por fuertes episodios eróticos. Eliot relata un momento en el que ella y Roman Polanski, amigo cercano de Nicholson, tuvieron sexo oral, anal y vaginal bajo los efectos de la cocaína.

En 1975 obtuvo su primer Óscar a mejor actor gracias a su papel en Atrapado sin salida.

Desde los cincuenta recorrió tantas camas como sets de grabación, y lo dice sin reservas: “Por más grande que fuera el amor, la monogamia era demasiado monótona. Además, me interesa el sexo, me preocupa, me encanta”. Entre sexo y drogas combinó adicciones; según Eliot, “para retrasar la eyaculación, aprendió que si se ponía una pizca de cocaína en la punta del pene, resistía más e intensificaba el placer”.

Intensidad y placer. Turbulencia y talento. La historia de Jack parece escrita para el cine, y la historia del cine no sería la misma sin Jack.

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