La última película de Martin Scorsese, El Irlandés, es la carta de Netflix para defenderse de Disney, Apple, Amazon y otras compañías que han decidido entrar al mundo cada vez más competitivo del streaming. Una apuesta para la cual la productora no ha escatimado en gastos, pues es la producción de mayor presupuesto en la larga carrera de Scorsese, con una cifra estimada en 160 millones de dólares. Un monto que llama la atención porque no tiene los efectos especiales fácilmente apreciables en cintas como Star Wars, Avatar y varias con fondos igualmente holgados.

Así mismo, sobresale como el filme más largo del director neoyorquino. Sus 3 horas y 29 minutos han representado un reto para audiencias cada vez más acostumbradas a formatos breves. Tanto, que se ha llegado a proponer la posibilidad de verla en fragmentos, como una miniserie. Pero la respuesta a esta exigencia de tiempo ha sido positiva en términos generales. Desde ya hay quienes plantean que es la obra maestra de Scorsese y le pronostican un camino de éxito hacia el Óscar.

En muchos aspectos El Irlandés recuerda a Goodfellas (presentada en Colombia como Buenos muchachos), cinta que consagró a Scorsese en 1990. Ambas tienen la narrativa de un hombre desconocido a través de la cual el espectador se acerca a las intimidades de la mafia. La ambientación, diálogos y, sobre todo, los personajes son casi idénticos; además, parte del presupuesto se utilizó para reunir a dos de sus actores originales, Robert de Niro y Joe Pesci.

JIMMY HOFFA, el rol de Al Pacino, fue el presidente del sindicato más poderoso de Estados Unidos que tenía vínculos con el hampa.

La otra estrella en la nueva producción de Netflix es Al Pacino, quien conforma con De Niro la dupla de los más grandes actores del último medio siglo. Sus carreras se han cruzado en pocas ocasiones: primero sucedió en El padrino II, en la que, curiosamente, nunca aparecen de manera simultánea. Luego, en Heat, de Michael Mann, que tuvo una gran recepción por parte de la crítica y una excelente taquilla, interpretaron papeles antagónicos de policía y ladrón. Más reciente es su desafortunada aparición en Righteous kill, que para muchos expertos empaña sus filmografías.

La participación de ambos en El Irlandés ha generado muy buenos comentarios, pero a la vez se ha abierto un debate que nada tiene que ver con su talento: los dos superan los 75 años e interpretan a hombres que bordean los 50. Scorsese acudió a una tecnología desarrollada por Industrial Light & Magic, compañía de Lucasfilm, que le permitió rejuvenecer y envejecer a los actores a medida que avanza su larga trama, que abarca cuatro décadas. Un costoso recurso que a pesar de haber sido anunciado con bombos y platillos, puede resultar marginal para el espectador.

A través de sus contactos, el cantante Frank Sinatra consiguió el apoyo de la mafia para la candidatura presidencial de John F. Kennedy. Se rumora que el mandatario fue ingrato con los capos y por eso lo mataron en 1963.

Mafiosos de la vida real

El protagonista de la película, personificado por Robert de Niro, es Frank Sheeran, cuya vida es utilizada para contar la historia del crimen entre finales de los años 1940 y mediados de los 1970. Él fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial, en la que participó por un tiempo cuatro veces mayor al promedio de servicio. Según sostuvo, formó parte de importantes batallas, como la de las Ardenas, de la que se ausentó sin permiso para irse a beber y perseguir mujeres. Afirmaba también haber cometido crímenes de guerra, como el asesinato de militares alemanes que habían servido en el campo de concentración de Dachau.

Terminada la contienda y de vuelta en su natal Filadelfia, Sheeran empezó a conducir un camión, al tiempo que recibía dinero extra por sus trabajos para la mafia local, cuyas figuras principales fueron Russell Bufalino y Angelo Bruno, interpretados en la película por Joe Pesci y Harvey Keitel.

Entrelazados como en Forrest Gump, forman parte de la trama de El Irlandés todos los capos muertos durante aquellos años. Albert Anastasia fue asesinado en una silla de peluquería en 1957. A Joe Colombo, el mafioso líder de un movimiento por la honra de los italoamericanos, lo dejaron discapacitado los disparos que recibió en plena manifestación por esa causa en Nueva York. Y, finalmente, el hombre que ordenó el atentado contra Colombo, Joe Gallo, que también es uno de los personajes de Goodfellas, fue abatido mientras cenaba con su familia en un restaurante de Little Italy, considerado hasta entonces territorio neutro para las mafias de la Gran Manzana.

La pelea con los Kennedy

Lo que diferencia a El Irlandés de otros clásicos de Scorsese como Goodfellas y Casino es la entrada en el libreto de Jimmy Hoffa, interpretado por Al Pacino, y los Kennedy. El primero fue el presidente de la International Brotherhood of Teamsters, o Hermandad Internacional de Camioneros, el sindicato más grande de Estados Unidos, con más de un millón de afiliados. Durante su ascenso, a fin de unificar y expandir las agremiaciones del sector, Hoffa tuvo que hacer acuerdos con los gánsteres: mientras la organización se usaba para lavar dinero, la mafia se encargaba de intimidar a los industriales.

Robert Kennedy estaba al tanto de estos vínculos de Hoffa y siendo consejero del Select Committee on Improper Activities in the Labor or Management, una comisión del Senado, emprendió una implacable campaña para llevar al líder sindical a la cárcel. Tres años después, cuando su hermano mayor John F. Kennedy se presentó a las elecciones presidenciales, Hoffa no dudó en apoyar la campaña de Richard Nixon, su opositor del Partido Republicano. Sin embargo, Kennedy contaba con una ayuda adicional. La mafia movió sus fuerzas en favor del joven candidato demócrata, con la esperanza de que bajo su gobierno el socialista Fidel Castro sería derrocado y así recuperarían los hoteles, casinos y burdeles que les habían sido expropiados en Cuba.

Pero la ficha definitiva en la relación de Kennedy con la mafia era una mujer, Judith Exner, quien había tenido una aventura con el cantante Frank Sinatra. En sus conciertos, además, conoció tanto a John F. Kennedy como a Sam Giancana, otro poderoso capo, y se convirtió en amante de ambos. Durante la campaña ella sirvió de correo secreto entre el candidato y el llamado padrino de Chicago, en una operación que dio como resultado la estrecha victoria de Kennedy en Illinois.

Todas las expectativas de la mafia cambiaron cuando Kennedy, en lugar de favorecer sus intereses, nombró a su hermano Robert como fiscal, quien se dedicó a combatir con mucho más ímpetu sus delitos.

Estos episodios han alimentado la teoría de que detrás de la muerte de Kennedy estaban los capos. La película de Scorsese no desaprovecha la oportunidad para tantear el asunto, y las reacciones de Hoffa y Sheeran ante el magnicidio dejan abierta la posibilidad de imaginar conspiraciones.

Un misterio sin resolver

Hoffa fue finalmente encarcelado en 1964 por manipulación de jurados. Cuando Nixon asumió la presidencia, lo indultó con la condición de que no volviera a ejercer la actividad sindical durante una década. El Irlandés muestra a un Jimmy Hoffa que pasa de líder todopoderoso, capaz de movilizar a cientos de miles de personas con un discurso, a un hombre desesperado, traicionado por sus antiguos amigos en su empeño por reconquistar la dirigencia del sindicato.

Scorsese, a la derecha, con De Niro y Pesci durante el rodaje. Es la cinta más larga del director, quien desde ya se anuncia como candidato al Premio Óscar.

En esta campaña se encontraba cuando desapareció. Los testimonios de las últimas personas que hablaron con él sostienen que se iba a reunir en Detroit con Anthony Giacalone y Anthony Provenzano, otros dos poderosos hampones, en aras de negociar el apoyo para sus ambiciones. Sin embargo, desde el 30 de julio 1975 nadie volvió a saber del paradero de Jimmy Hoffa. Siete años después, sin ningún rastro de lo que pudo haber pasado, se le declaró muerto por desaparición. El misterioso episodio dio lugar a toda una serie de conjeturas, en las que no faltaron quienes lo sepultaban en las columnas del estadio de los Giants en Nueva York, atribuían su muerte a agentes federales, o le auguraban una vida nueva y feliz en México.

Poco antes de morir, Frank Sheeran ofreció su propia versión de los hechos en declaraciones que el escritor Charles Brandt

publicaría tras su muerte hace 16 años en el libro I heard you paint houses. En 2007 el libro llegó a las manos de Robert de Niro, que al terminar de leerlo le propuso a Scorsese que lo llevaran a la pantalla. La teoría que El Irlandés brinda sobre el modo en que Hoffa se esfumó ha sido altamente criticada y desvirtuada por testimonios de quienes lo conocieron, desde investigadores del FBI hasta otros mafiosos. Sin embargo, Scorsese no pretendía ser el biógrafo de Sheeran, sino explorar el mundo del crimen organizado y la forma en que actúan sus miembros ante las difíciles situaciones que se les imponen.

Frank Sheeran, el real, se volcó a la fe cristiana, pasó sus últimos años asaltado por la culpa y ello lo obligó a confesar todo lo que había hecho en su larga carrera de malhechor. Después de que Brandt le entregara el manuscrito de su libro, grabó un video en el que afirmaba que todo lo que estaba escrito allí era cierto y desde entonces se abstuvo de comer. Murió seis semanas más tarde sin que sus familiares supieran de la publicación que estaba por llegar, y que revelaría lo que ya seguramente sabían o sospechaban. Hoy los espectadores, a través de la mirada de Scorsese, pueden conocer al Frank Sheeran de ficción y a ese mundo en que el poder y la mafia se entrecruzan y nadie está dispuesto a pedir perdón.

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