Los anglosajones siempre han sido más zanahorios que los europeos y los latinos. En esas culturas se manejan altísimas dosis de moralina. En cambio en países como Francia, Giscard d’Estaing tuvo numerosas amantes; Mitterrand, dos hogares simultáneamente; Sarkozy cambió a su esposa por Carla Bruni y a Hollande lo pillaron yendo en moto a visitar a su ‘querida’ y, sin ningún problema, dejó a la madre de sus cuatro hijos.

En Estados Unidos, por el contrario, no respetar el matrimonio ha acabado con carreras de toda una vida. En 1964, el candidato a la presidencia Nelson Rockefeller perdió por haberse divorciado. En 1976 dio mucho de qué hablar la llegada a la Casa Blanca de Gerald Ford, pues estaba casado con una mujer separada. Solo hasta 1980 llegó a la presidencia el primer divorciado, Ronald Reagan. A todas estas, a quien le descubrían una amante se le cerraban las puertas. Gary Hart, por ejemplo, punteaba en las elecciones de 1988, pero tuvo que renunciar cuando le publicaron una foto con su novia, una hermosa modelo a quien doblaba en edad.

Según le contó la actriz porno Alana Evans a la revista People, su amiga Stormy Daniels y Trump la invitaron a hacer un trío.

Todo cambió con Bill Clinton. Aunque las aventuras con Monica Lewinsky hicieron que le abrieran un juicio de impeachment, milagrosamente pudo mantenerse en su cargo. En el fondo, tenía algo de absurdo que el hombre más poderoso del mundo se cayera por un episodio de sexo oral consensuado. A pesar de todo, su matrimonio se salvó y, mal que bien, ahí sigue. Clinton fue el primer presidente a quien le perdonaron el adulterio. Pero no la tuvo fácil.

Sin embargo, con la llegada de Donald Trump se rompieron todas las barreras. El magnate no solo ha tenido tres esposas, sino que les ha puesto los cuernos a todas. A la primera, Ivana, la cambió por Marla Maples, quien le declaró al New York PostThe best sex I ever had”, haciendo referencia a la destreza sexual de su amante. A Marla la cambió por Melania, con quien se casó en 2005. Esta es la primera first lady gringa que ha aparecido totalmente desnuda en varias revistas.

Todo lo anterior se sabía, pero han llamado la atención los últimos descubrimientos de la vida sexual de Trump. Lo primero que se reveló fue que recién casado con Melania tuvo un affaire con la espectacular Karen McDougal, quien había salido en la carátula de Playboy como la playmate de 1998. Justo antes de las elecciones presidenciales, ese romance se filtró y varios medios le ofrecieron plata a la conejita por una entrevista. El candidato, consciente de que ese escándalo podía costarle la elección, le pidió ayuda a su gran amigo David Pecker, dueño del tabloide National Enquirer. Este le ofreció a la playmate 150.000 dólares por la exclusividad total de la historia sexual. Esa cifra era superior a la de la competencia. Lo más sorprendente de todo es que no le pagaron para publicarla, sino para enterrarla. Así lograron prohibir por contrato que McDougal hablara con otro medio de comunicación. Después de elegido Trump, ese “tapen, tapen” se filtró, pero él ya había ganado las elecciones.

Ahora, en un nuevo escándalo, apareció Stormy Daniels, una exuberante actriz porno de labios carnosos y senos de infarto, que ha participado en más de 150 películas para adultos como Good Will Humping (humping en español es tirar). Daniels hace parte del Salón de la Fama de Adult Video News e incluso quiso lanzarse como senadora del estado de Luisiana en 2010. Actualmente tiene una gira de desnudos que bautizó Make America Horny Again, haciendo referencia al eslogan de la campaña de Trump Make America Great Again (horny en español es arrecho).

The Wall Street Journal reveló que la actriz porno Stormy Daniels habría recibido 130.000 dólares para callar su supuesto affaire con Trump.

En 2011, Daniels le contó su aventura con el magnate a la revista In Touch Weekly, la cual, por miedo a retaliaciones de la Casa Blanca, no la publicó. En 2016, la actriz decidió contar su historia en el programa Good Morning America y en la revista Slate. Sin embargo, al final se arrepintió. Hace unos días, The Wall Street Journal tuvo acceso a la entrevista censurada y reveló que Stormy habría recibido 130.000 dólares por su silencio.

Y es que la versión de la actriz porno no deja bien parado al magnate. Supuestamente el affaire comenzó en julio de 2006, cuando Trump participaba en el torneo de golf para celebridades American Century en Stateline, en Nevada. Por esa época su esposa Melania estaba en casa con su hijo de cuatro meses, Barron Trump. Daniels cuenta que el actual presidente no paraba de mirarla, le pidió su número y la invitó a comer.

Ella llegó a la lujosa suite y encontró a Trump viendo televisión en piyama. Comieron en la habitación y cuando ella regresó del baño lo encontró tirado en la cama. Le dijo “ven aquí”, a lo que ella pensó “uh, aquí vamos”. Después de la faena, Daniels dijo que el magnate le repetía que la iba a llamar, que quería llevarla a su programa El aprendiz y que era hermosa e inteligente. Una frase al final de ese encuentro sorprendió e indignó a muchos: “Tú te pareces mucho a mi hija”. Mientras él le repetía que ella era increíble, la actriz cuenta que el sexo con Trump le pareció “genérico”, limitado a la posición del ‘misionero’ y nada al estilo porno.

Algunos medios le han agregado a ese encuentro un detalle jugoso. Antes del agite sexual, Daniels le dijo a Trump que tenía una amiga en el primer piso, con quien había hecho cine porno, Alana Evans. A Trump se le iluminó la cara y le pidió que la invitara. Daniels la llamó, él pasó al teléfono y le rogó que subiera a acompañarlos a pasarla rico (“to have a good time”). Evans supuso inmediatamente que era para “algo sucio”. Y como le contó en 2006 a la revista People: “No me sentía atraída por él. No era como si ella me estuviera llamando con Brad Pitt”. A pesar de las súplicas, el ménage à trois quedó en veremos, porque Alana nunca subió. Como ella dijo, “con Donald (el trío) no iba a pasar”. Una vez todo esto se publicó, Daniels lo negó categóricamente diciendo que entre ella y Trump nunca pasó nada. La revista In Touch le contestó con un comunicado afirmando que como la historia era tan delicada, le habían exigido a la actriz que se sometiera a un polígrafo, a lo cual accedió y pasó la prueba sin ningún problema.

La espectacular playmate Karen McDougal habría recibido 150.000 dólares de un tabloide por la exclusiva de su aventura con Trump. Nunca se publicó.

Y no hay que olvidar que al menos 22 mujeres han acusado a Trump por mala conducta sexual entre 1970 y 2013, lo cual va desde miradas morbosas hasta acoso, manoseo y violación. Incluso otra actriz porno, Jessica Drake, lo acusó en octubre de 2016 de besarla sin su permiso en el mismo torneo de golf en el que ‘se levantó’ a Daniels.

También lo acusaron de prácticas sexuales impublicables con prostitutas en Rusia. Durante la campaña, salieron a flote supuestos informes que demuestran que en Miss Universo de 2013, celebrado en Moscú, sí logró su ménage à trois. Se publicó en la prensa rusa que durante su estadía en ese país, a su suite subieron dos prostitutas y en otra noche, miss Hungría.

Ante todas esas revelaciones, suena relativamente inofensiva la grabación que le produjo un escándalo durante su candidatura. Fue su conversación en 2005 con el presentador de Access Hollywood, Billy Bush, a quien le dijo que las mujeres “siempre se lo dan a los famosos. Puedes hacer cualquier cosa con ellas. Hay que agarrarlas por el coño”.

Pero tal vez lo más impresionante de la carrera de Trump como seductor fueron las declaraciones de su antiguo mejor amigo y más cercano estratega, Steve Bannon. Cuando el periodista Michael Wolff (quien escribió el polémico libro Fuego y furia, dentro de la Casa Blanca de Trump) le preguntó sobre los supuestos pagos por el silencio de Karen y Daniels, Bannon contestó: “Ojalá fueran dos, son más de cien”.

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