En 2003, con 25 años y luego de acabar su carrera deportiva, Molly Bloom se mudó a California para tratar de darle un rumbo a su vida. Al año estaba trabajando como mesera y luego como asistente personal de Darin Feinstein, uno de los dueños del célebre club Viper Room de Los Ángeles.

Jessica Chastain se ha especializado en interpretar papeles de mujeres fuertes.

Poco después de contratarla, Feinstein empezó a organizar juegos de póquer para los ricos y famosos de su círculo, entre ellos Tobey Maguire, Ben Affleck y Leonardo DiCaprio. Bloom, tan bonita como inteligente, fue elegida para coordinar los eventos. En un principio, admite que no tenía idea de qué estaba haciendo, ni entendía mucho del juego. Pero lentamente fue convirtiéndose en la líder del evento y no se conformó hasta tener el control completo. Le arrebató la posesión del juego a Feinstein y empezó a hacer su propia versión en lugares más lujosos, lo que llegó a darle ganancias anuales cercanas a los 4 millones de dólares solo en propinas.

Además se estaba codeando con productores importantes, líderes de la industria cinematográfica, actores, músicos y todas las personalidades que acaparaban las portadas de las revistas. Aunque muchos eran amables, otros le ocasionaban problemas. Uno de ellos fue Maguire, quien un día, por ejemplo, la obligó a imitar a una foca como condición para darle su propina. Fue precisamente su mala relación con el intérprete de Spider-Man lo que la obligó a abandonar Los Ángeles. Entonces se fue a Nueva York, en la costa opuesta del país. Esa decisión marcó el principio del fin, pues allí los juegos eran cada vez más grandes, pero a la vez más y más peligrosos: las sumas podían superar los 100 millones de dólares.

Todo empezó a desmoronarse como un castillo de naipes, pues para lograr cubrir los montos que esperaban sus clientes —entre ellos banqueros de Wall Street y deportistas como el beisbolista Álex Rodríguez— debió aceptar la presencia de figuras menos prestigiosas y hasta de mafiosos. A su vez, la presión la llevó a consumir drogas para mantener el ritmo desenfrenado, y en medio de ese remolino cometió su peor error: tomó un porcentaje del valor del juego. Las propinas eran legales, pero dar ese paso era un acto criminal.

La verdadera Molly Bloom pasó de perseguida por la justicia a celebridad. 

Logró mantenerse en esa dinámica hasta el 16 de abril de 2013, cuando 17 hombres armados entraron por asalto a su casa. Al principio Bloom no estaba segura de si se trataba de la mafia rusa, de una banda criminal o de lo que efectivamente resultaron ser: miembros del FBI. Fue arrestada —junto a otras 33 personas— por conexión con la investigación de una red de juego ilegal y lavado de dinero por valor de 100 millones de dólares. Logró pagar una fianza gracias a la ayuda de sus padres, y mientras esperaba la decisión del juez escribió Molly’s Game, las memorias de su breve y extraño reinado en el mundo del póquer de las estrellas.

El libro se lanzó en mayo de 2014, un mes después de ser condenada y sentenciada a un año de libertad condicional, 200 horas de servicio comunitario y una multa de 1000 dólares. Los derechos de la historia llegaron a las manos de Aaron Sorkin, autor de dramas biográficos como La red social y Steve Jobs, y el cineasta escribió para Apuesta maestra un guion lleno de su icónico estilo de diálogo: acelerado, verboso, complicado e inteligente.  En esta versión, Bloom, interpretada por Jessica Chastain, ve cómo se acaba su carrera de esquiadora después de sufrir una lesión brutal. Las personalidades de Maguire y otros se han mezclado en el papel del ?Jugador X?, interpretado por Michael Cera, en el que de manera exagerada se muestran los excesos de quienes llegaban a jugar la mesa de Bloom. El elenco lo completan el veterano Kevin Costner, como su exigente padre, e Idris Elba como Charlie Jaffey, el abogado a quien le cuenta toda la historia.

Chastain es magnética como Bloom, una mujer fuerte, determinada y testaruda, pero no inhumana. Es el tipo de papel perfecto para la actriz, que ha buscado mujeres fuera del molde que logran ser impresionantes sin dejar de ser reales. Elba es su perfecto opuesto, un hombre jocoso y cálido, pero cauteloso. El desarrollo de su relación le da un centro emocional a una historia que es, en esencia, un thriller hecho con —y no por— Hollywood. En otras manos Bloom se hubiera podido convertir en una caricatura vacía, pero gracias a Sorkin, Chastain y Elba, es fácil entender por qué se volvió, durante un tiempo, parte de la realeza del juego.

Las estrellas según Molly Bloom


Leonardo DiCaprio:

Bloom explica que tenía un estilo muy extraño al jugar: “Casi como si no estuviera tratando ni de ganar ni de perder”. Se retiraba en casi todas las rondas y se sentaba a oír música con unos enormes audífonos.

Ben Affleck:

“Alto, buen mozo y con un carisma relajado que pocos íconos tienen en persona”. Bloom dice que no se quedaba toda la noche, se iba siempre a una hora razonable, tampoco perdía grandes cantidades y era un buen jugador que casi siempre ganaba.

Tobey Maguire:

“El más tacaño en cuanto a propinas, el mejor jugador y, definitivamente, el peor perdedor”. Una vez le ordenó a Bloom que hiciera como una foca antes de entregarle 1000 dólares de propina. Ella se rehusó y él finalmente se la dio alegando que solo era un chiste (ella dice que estaba enojado).

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