Festival Internacional de Cine de Berlín. 2014

Lars von Trier y Matt Dillon en la presentación oficial del Festival de Cannes. 2018

La relación odio-amor que genera su filmografía, resulta más que elocuente para describir también, las adversas reacciones que despierta en el ámbito personal. Después de siete años de censura donde fue declarado persona non grata a partir de su discurso ambiguo en relación a Hitler, este fin de semana el público asistente a la versión 71 del Festival de Cannes recibió el estreno fuera de competición de su última película The House That Jack Built protagonizado por Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman y Sofie Gråbøl la cual es descrita como “una historia oscura y siniestra, presentada como una historia filosófica y, a veces, humorística”.

Parece sin embargo, que la sinopsis dada por el Festival se quedó corta para describir la historia de Jack, un asesino en serie que desde su propia patología, concibe sus crímenes como una obra de arte en vía a la perfección. El tema no se presenta novedoso en la historia del cine, pero sí lo es el abordaje complejo dentro y fuera de la mente del asesino, así como la inclusión de escenas de violencia explícita, de mutilación y estrangulamiento, que son en últimas las que despertaron todo tipo de reacciones en el público de Cannes, generando una crítica sensacionalista desde la superficie de la historia, en la cual por ahora, hay mucho más por profundizar.

Lars von Trier es un provocador que no busca satisfacer al espectador promedio. Tal vez sea esa la razón por la cual se sigan viendo sus películas, gusten o no: la necesidad de la inquietud, del morbo, de quebrar la falsa comodidad frente al comportamiento humano.

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