Hay personas que se excitan fantaseando con mugre, carros, axilas o marcapasos, y no son pocas. El doctor Justin Lehmiller ha dedicado años a conocer los más oscuros deseos sexuales de los gringos y su búsqueda lo ha llevado mucho más allá de las obvias fantasías con tríos y fetiches con los pies. Después de entrevistar a 4175 sujetos, el director de psicología social de la Ball State University y autor del blog Sex and Psychology acaba de publicar sus hallazgos en Tell Me What You Want (Dime lo que deseas): 288 páginas de fantasías sexuales gringas.

Aunque desde la escandalosa aparición del informe Kinsey, en 1948, se han publicado mamotretos con miles de páginas sobre las conductas y los hábitos sexuales de los estadounidenses, no hay precedentes de un trabajo de esta magnitud que se meta a escudriñar en lo que maquinan miles de personas en sus momentos de calentura.

El estudio reconoce el porno como un factor relacionado con las fantasías, pero no de un modo tan directo como podría pensarse en un mundo en que internet está inundado por él. En lugar de ser un sustituto o un insumo visual para la fantasía, lo que hace es moldear referentes físicos: a ello debemos que más hombres anhelen tetas grandes y más mujeres visualicen penes enormes en su imaginación.

Después de escribir su fantasía más extrema, los participantes del estudio debían responder 350 preguntas sobre su vida sexual y sobre la frecuencia con la cual pensamientos específicos daban vueltas por su cabeza. El 96 por ciento de los encuestados confesó tener fantasías recurrentes, deseos que los visitan varias veces al día, que quisieran intensamente materializar y que en la mayoría de los casos ni siquiera les han contado a sus parejas. Esta lista, tomada del libro, revela algunos de los más frecuentes.

1. Sexo grupal

El 89 por ciento de los encuestados coincidió en que su principal fantasía sexual es acostarse con más de una persona a la vez; muchos se refirieron específicamente a estar en un trío. Casi la totalidad de quienes están en una relación estable quisieran que uno de los amantes fuera su pareja actual. A partir de ello, Lehmiller deduce que la motivación principal para dicha fantasía no está relacionada con alejarse de su pareja y probar con otras personas, ni siquiera con el acto físico mismo, sino con la enorme estimulación mental que ofrece la presencia de otro cuerpo. Esa necesidad de novedad, de cambio en medio de lo conocido, es lo que la convierte en la preferida en el rango de los cuarentones y cincuentones -personas con vidas más estables, deseando probar novedad sin tomar demasiada distancia de la zona de confort-. Tampoco sorprende que los hombres suelan preferir tríos junto a dos mujeres, mientras que ellas están mucho más abiertas a todas las combinaciones posibles, incluso tres mujeres al tiempo.

2. Poder, control y sexo duro

De acuerdo con el estudio, las mujeres son quienes prefieren todo tipo de prácticas vinculadas al dolor y el poder. Diferentes formas de sadomasoquismo son la principal fantasía del 25 por ciento de los encuestados. Mientras ellas prefieren infligir dolor y ser dominantes, ellos disfrutan más al recibirlo y someterse (nalgadas, mordiscos, cera caliente sobre la piel). Según Lehmiller, el hecho de que el 65 por ciento prefiera recibir dolor en cualquiera de sus formas y al 60 por ciento le guste más producirlo guarda estrecha relación con querer evitar tomar responsabilidad durante el sexo: someterse es entregarse totalmente y convertirse en objeto, mientras que dominar implica la responsabilidad de tomar el control del placer y el dolor del otro. La preferencia por el sadomasoquismo es más común entre adultos jóvenes, más inseguros, inestables y abiertos a experiencias que los cuarentones y cincuentones.

3. Novedad, variedad y aventura

Tanto en los más raros y específicos fetiches como en la simple variación de la posición sexual durante una convencional relación de pareja, las fantasías de los encuestados parten de la motivación de salir de la rutina, de asomarse a lo desconocido, de romper con los convencionalismos, de hacer algo distinto o de ser otro, a veces junto a otros. La posición del perrito es la fantasía preferida entre los hombres que no la han probado y la segunda entre las mujeres (quizá podría bastar con que hablaran y se pusieran de acuerdo para que dejara de ser un deseo). El sexo anal aparece entre los deseos no expresados de dos terceras partes de los encuestados de ambos sexos. El sexo en público, incluyendo las locaciones más diversas (algunas de ellas muy alejadas de la higiene, como baños públicos), despierta la emoción y el vértigo de buena parte de los sujetos.

4. Compartir parejas

Tener relaciones con otra persona contando con el consentimiento de la pareja estable resulta mucho más estimulante que la posibilidad de una infidelidad. Los cachos parecen cosa de otro tiempo: mientras el 79 por ciento de los hombres y el 62 por ciento de las mujeres ha fantaseado con tener sexo consensuado fuera de la monogamia, menos del 1 por ciento cuenta la infidelidad entre sus fantasías. Este tipo de relaciones incluye tanto el estable poliamor (relación romántica con más de una pareja), como el casual swinging (intercambio de parejas con desconocidos). Durante estas situaciones de intercambio, los hombres tienden a sentir más placer que las mujeres al mirar a su pareja teniendo relaciones con otra persona.

5. Flexibilidad sexual

Los temores y reservas que rodeaban a las experiencias con parejas del mismo sexo también parecen ser un asunto superado. El estudio encontró que 59 por ciento de mujeres y 26 por ciento de los hombres que se consideran heterosexuales tienen fantasías de probar con parejas del mismo sexo. Lehmiller afirma que “si bien es cierto que más mujeres tienden a cambiar su orientación sexual, más hombres tienen fantasías con flexibilizar su género, ser ‘feminizados’ por una pareja femenina dominante”. También son ellos quienes sienten más atracción por tener relaciones con transexuales: uno de cada tres hombres, comparado con una de cada cuatro mujeres.

6. Pasión y romance

Cuando se piensa en fantasías sexuales es más fácil relacionarlas con actos estrictamente físicos, atípicos, incluso arriesgados. A pesar de ello, este estudio ha encontrado entre las más frecuentes fantasías un amplio margen para el romance. Ser validado, deseado o amado resulta profundamente excitante para muchos de los encuestados que tienen como único protagonista de sus fantasías a su pareja. No siempre este deseo de aceptación y afecto es tan color de rosa; el testimonio de uno de los encuestados lo deja muy claro: “Mi fantasía sexual es ser querido y deseado por encima de todas las personas y de todas las cosas. Me dan igual los tecnicismos”.

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