Es usual que las generaciones más jóvenes sean blanco de críticas. Pero con los millennials (los nacidos entre comienzos de los años 1980 y del siglo XXI) pasa algo sin precedentes: son juzgados, al parecer, por tener poco sexo. Para muchos, la responsable de este presunto comportamiento anormal es la tecnología, a causa de la cual, además, no tienen parejas, no se casan ni quieren hijos.

Por un lado, se dice que el avance de computadores, teléfonos móviles y tabletas, entre otros, ha suscitado que las personas desarrollen una especie de fobia social y tengan relaciones superficiales, debido al boom de las aplicaciones de citas. Pero después de un estudio de cinco años, la antropóloga Helen Fisher sugiere el término slow love (algo así como “amor lento”) para explicar lo que pasa con los millennials.

A diferencia de lo que muchos piensan, no son inmaduros ni consentidos. Simplemente, se toman el tiempo para hacer las cosas y eso incluye tener sexo, emparejarse y casarse. Sí, parece increíble que una generación que vive en la inmediatez lleve un ritmo pausado en su vida amorosa, pero así es. La explicación es que buscan una total transparencia frente a su pareja, lo que resulta en una relación mucho más feliz y duradera aunque eso requiera meses o años.

Durante un importante tiempo de estudio, Fisher encontró varias tendencias en la fase previa al compromiso. Por ejemplo, los millennials ya no celebran la castidad, sino que prefieren no involucrarse con alguien virgen (51 por ciento de las mujeres y 36 por ciento de los hombres), y si lo son, lo ocultan. El sexo casual está cada vez más normalizado. Para entender un poco este cambio de mentalidad, una encuesta británica arrojó que el 74 por ciento de los interrogados respondió que el sexo antes del matrimonio “no tiene nada de malo”, versus un 42 por ciento que pensaba así en 1983.

Pero más allá de saber si alguien es bueno en la cama, estos encuentros funcionan como una “entrevista sexual”, pues así se puede saber más de la pareja (por ejemplo, si es atenta, complaciente, etc.). También están en auge los amigos con beneficios, pues una amistad antes de tener sexo le quita presión a la relación y fluye mejor. Si todo anda bien, lo formalizan y luego viven juntos. Muchas veces, incluso, tienen hijos primero antes de pensar en casarse. Como dijo Fisher, “el matrimonio ya no es el principio de una pareja sino el final. Y cuanto más tarde te cases, mejor”. También anota que ya nadie se come el cuento de “hasta que la muerte nos separe”, pues es muy fácil divorciarse, de ahí que luchen más por mantener su relación sana y salva.

Datos como este demuestran que hombres y mujeres ya no se comprometen en matrimonio para tener sexo, sino en busca de compañía. Según la especialista, en ese marco, lo que más esperan en una pareja es respeto, confianza, buen humor y que sean físicamente atractivos. Todo esto, sin duda, no se consigue de la noche a la mañana.