6 de julio de 2026
Deportes
Los mundiales también bautizan
269 Neymar, 75 cristianos, 175 Lionel. La obsesión en Colombia por el fútbol se nos metió a la Registraduría.
Por: Redacción Soho
En México hay registradas más de 8.000 personas que llevan el nombre de Diego Armando y que rondan los cuarenta años. No se encuentra otra razón para explicar la coincidencia del nombre que la de esa histeria colectiva que generó la actuación del 10 argentino en el Mundial de México 86. Los nombres Maradona, Maradó y Diez se repiten en Buenos Aires y Nápoles con una intensidad surreal. Si creíamos que la homonimia pertenecía solo a novelas que hicieron de la desmesura un estilo, como Cien años de soledad, nos equivocamos. Y es que el fútbol, en Latinoamérica, no es más que una región del realismo mágico.
Lo de Maradona en México elevó el fútbol a una de las bellas artes, a religión, a devoción. Se hicieron canciones y películas; se tejió la leyenda hasta el punto de haber creado un culto. Y se bautizaron niños que iban a tener su buena estrella. En ese momento, Maradona aún no había caído en la tentación de consumir a diario.
Conoció a esa blanca mujer de misterioso sabor y prohibido placer —como lo relató su gran amigo Rodrigo— en Barcelona, en los meses duros en los que se recuperaba de la fractura que le provocó la entrada asesina de Goikoetxea, el carnicero de Bilbao. Pero se le convirtió en vicio cuando llegó a Nápoles y todos los sueños se le hicieron realidad. Al nombre de Diego Armando se sumaba el apellido Maradona, que el Diez bien supo expandir, en sus noches indomables, por toda esa ciudad italiana.

En Colombia hay cinco personas que se llaman Beckenbauer. Sus apellidos van desde Rodríguez hasta Piraquive, y todos coinciden en la edad: nacieron entre 1974 y 1976. Si bien el apogeo del Mariscal de la defensa alemana se dio entre 1966 —fecha en la que logró el subcampeonato del mundo en Inglaterra— y los títulos de la Copa de Europa con el Bayern Múnich, pasando por la mítica semifinal de México 70 —donde jugó con un brazo partido—, en países como Colombia se hizo más popular su nombre gracias a su vinculación con el Cosmos de Nueva York. Beckenbauer, ese nombre imposible, se hizo muy común gracias al fútbol.
Entre los sesenta y los setenta no existió nadie más importante que Pelé. Sus tres Copas del Mundo, sus cuatro campeonatos de la Libertadores con el Santos, las Intercontinentales y los mil goles eran una razón para que estuviera en todas las portadas posibles. Se retiró de la selección brasileña a los treinta años, cuando ganó el Mundial de México. Pero fue un suceso mediático su traspaso al Cosmos de Nueva York. En ese momento se intentó convertir a Estados Unidos en una meca futbolera. Para ello, se crearon grandes equipos en las ciudades más representativas y vimos aterrizar en ese país a estrellas que se venían apagando en las grandes ligas de Europa, como George Best, quien recayó en Los Ángeles, o Teófilo Cubillas. Pero la llegada de Pelé al Cosmos lo convirtió en el hombre más famoso del mundo en esos años.
Era el invitado de lujo en los late shows y llegó a protagonizar películas al lado de Michael Caine y Sylvester Stallone. No existen en el mundo muchos niños que se llamen Pelé, pero sí hay millones de personas mayores de cincuenta años que se llaman Edson por su nombre real: Edson Arantes do Nascimento.
Así, también, el nombre Artur, que existe en el país, no es tanto un anglicismo, sino un nombre futbolero. Y es que en el Mundial de 1982, donde Naranjito se convirtió en el rey de las mascotas, Brasil jugó un fútbol lírico —acaso la última vez que lo hizo— y el hombre que llevó la batuta fue Zico, cuyo verdadero nombre es Arthur Antunes Coimbra.

La pasión mundialista hizo que en 1986 Radamel García, recio volante samario, le pusiera a su hijo el nombre de Falcao en honor a Paulo Roberto Falcão, una de las grandes estrellas brasileñas del Mundial de España 82. Sobra decir que ese niño, bautizado con un segundo nombre que lo catalogaría como un «sin tocayo» en nuestro balompié, se convirtió en el máximo goleador en la historia de la Selección Colombia. Inspirado en esa misma era de gloria, el delantero Rivaldo Correa fue llamado así por el mítico volante de la selección brasileña que terminó levantando la Copa del Mundo en Corea-Japón 2002. Mucho más joven, el lateral Didier Drogba Mosquera lleva el nombre compuesto del implacable delantero de la Selección de Costa de Marfil y campeón de la Champions con el Chelsea, quien debutó en los Mundiales en 2006. Tampoco podemos dejar a un lado al delantero cartagenero Beckham David Castro, quien recientemente dio el salto al fútbol suizo; a sus veintidós años, este joven extremo ha llamado más la atención por el homenaje que sus padres le rindieron al mediático volante inglés que por sus propios goles.
Según la Registraduría, se cuentan por miles los niños registrados con el nombre de James Rodríguez después de que el 10 de la selección convirtiera seis goles en el Mundial de 2014. Es bastante probable que, en unos cuantos años, empecemos a ver a futbolistas de las selecciones juveniles llevando en el dorso de la camiseta el nombre de nuestro ídolo.
Al revisar los datos de la Registraduría, constatamos que el año pasado se registraron 75 niños en Colombia con el nombre de Cristiano. Este nombre seguirá replicándose este año, cuando Ronaldo se convierta en el primer futbolista —junto con Messi— en jugar seis Mundiales. En este país, durante 2025, se registraron 269 niños con el nombre de Neymar y 175 con el de Lionel.
Pero el nombre completo que más se repite desde que ganara la Copa Mundial de 2018 es el de Kylian Mbappé. Un total de 375 niños fueron bautizados con el nombre del trepidante goleador y puntero de la selección francesa.
Lo que quizás esperamos para este mundial es que existan niños en Alemania o en Inglaterra que sean bautizados como Luis Díaz o John Arias, después de que jueguen un Mundial de ensueño.








