No eran muchas las expectativas cuando el actor estadounidense John Krasinski anunció su tercera aparición en la silla de director. Recordado por su papel protagónico en The Office, una serie televisiva cómica que marcó una época y que es considerada de culto, el hombre de 38 años se había aventurado tiempo después a dirigir dos películas del mismo género con críticas divididas. Además, actuó en otras que, pese a contar con directores o actores de renombre, no sobresalieron. Así que siguió siendo a fin de cuentas el oficinista que hizo reír a miles de televidentes.

Por eso, la aparición de Un lugar en silencio —en la que Krasinski actúa y dirige por primera vez en el género de horror— tuvo poco ruido, valga la redundancia. El actor, encima, decidió reclutar a su esposa, la inglesa Emily Blunt, para el otro papel protagónico de la cinta, algo que fue recibido con comentarios escépticos cuando apareció la noticia.

Sin embargo, y como muchas veces pasa en la industria, la película ha sorprendido a todos y, con tan solo días de estreno en Estados Unidos (al momento de escribir esta reseña), tiene un puntaje de 98 por ciento en la reconocida página de reseñas gringa Rotten Tomatoes. Como si fuera poco, varios críticos la están nombrando como la película de terror del año, con la capacidad de asustar al que sea y cuando sea.

La trama parece sencilla: en un mundo posapocalíptico, una familia que vive en una granja lucha por sobrevivir al constante acecho de unas extrañas criaturas ciegas que matan a cualquiera que emita algún tipo de sonido. No obstante, todo lo que deben afrontar para permanecer en silencio es tremendamente complejo. Krasinski y Blunt interpretan a una pareja de esposos (como en la vida real), padres de dos hijos que, como cualquier niño, no dejan de hacer ruido. Por eso, deben enseñarles a vivir de la manera más sigilosa posible: caminan descalzos al buscar agua y comida por pueblos desiertos, se comunican por medio de señas y hasta tienen fichas especiales para comunicarse cuando quieren participar en un juego de mesa. Aun así, es solo cuestión de tiempo para que alguien o algo se mueva de manera equivocada y emita el inevitable ruido tan temido. Es ahí cuando deben combatir a esas extrañas criaturas para mantener su refugio a salvo.

Los personajes luchan constantemente por callar mientras uno, del otro lado de la pantalla, solo puede identificarse, sufrir, compadecerse y hasta gritar por ellos. El pavor aumenta cuando Blunt queda embarazada y la familia atraviesa el tormento de tener que criar a un bebé en total mutismo.

Como es de esperarse, los diálogos no son abundantes y por eso la música y la edición desempeñan un papel vital, algo que ha sido aclamado por la crítica y que complementa de manera ideal a las actuaciones. Y es que Krasinski consigue sacar lo mejor de todo el reparto: la familia convence y, pese a la espantosa situación, intenta ser feliz en un mundo que no tiene remedio. En una época cada vez más ruidosa en la que todos compiten por hablar más alto, por hacerse notar, esta película parece recordar que, a veces, el silencio también es sagrado.

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