Empecemos por el principio: ¿cuántas personas mueren al año por fumar?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 6 millones de personas mueren cada año por enfermedades pulmonares o cardiacas y otros males
relacionados con el cigarrillo: el cáncer de pulmón, el enfisema, la EPOC, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Así que si fuma como chimenea, pilas… (¿Se puede dejar de fumar con el método Allen Carr?)

Y tanto daño se debe a la nicotina, obvio…

No necesariamente. Pero para que entienda, lo mejor es que sepa, primero, qué diablos es la nicotina. Así que vamos a clase de Química del colegio: la nicotina es un compuesto orgánico natural, presente en diferentes plantas, verduras y tubérculos que usted seguramente consume sin restricciones: del tomate a la berenjena, de la coliflor a la papa, del té verde al —sí, adivinó— tabaco. Por eso mismo, la nicotina en sí, en bajas dosis, no es la causa principal de las enfermedades asociadas con el cigarrillo. Ahora, obviamente su consumo frecuente y en altas dosis puede tener efectos adversos para la salud.

Pero no entiendo, ¿me están diciendo que comerse una papa pastusa es tan malo como fumarse un cigarrillo?

Por supuesto que no. Lo que pasa es que la nicotina efectivamente está presente en la papa, en el tomate y en el té, pero en niveles bajísimos. De hecho, está demostrado que, en pequeñas dosis, la nicotina presente en el tabaco, sin ser inofensiva, no tiene efectos muy significativos para la salud.

Ah, ya entiendo: entonces fumar hace daño es porque los cigarrillos tienen una cantidad altísima de nicotina…

No necesariamente. Como decía el presentador de televisión Julio Sánchez Vanegas en un popular programa de concurso ochentero, “concéntrese, para que no se le olvide”: estudios de varias índoles y un incontable número de médicos, científicos y otros expertos coinciden en que la nicotina en sí no es la causa principal de los problemas de salud de las personas que fuman, a menos que haya un proceso de combustión, que es lo que pasa cuando se prende un cigarrillo.

¿Cómo así?

Mejor dicho, el problema es meterle fuego al tabaco y producir ese humo que lo invade todo, desde el aire que lo rodea hasta sus pulmones. Para que entienda: cuando usted prende un cigarrillo, la quema del tabaco y de otros ingredientes que vienen dentro del pucho produce más de 8000 compuestos químicos, y hay muchos dañinos para la salud. Y ojo: algunos son supertóxicos y están directamente relacionados con el desarrollo de las enfermedades
horribles de las que ya le hablamos. En otras palabras, el problema es que el tabaco —con su nicotina— se vuelve pésimo para la salud después de cruzarse
con fuego cuando supera una temperatura de 600 grados centígrados. Le repetimos: la nicotina es muy mala, pero en altas dosis o cuando se consume
prendiendo el tabaco. Es decir, culpar a la nicotina por el daño que puede hacer fumar como un chimbilá es casi tan equivocado como culpar a las uvas
por el daño que puede hacer chupar vino como un guapucha.

Entonces la nicotina sí es mala para la salud.

Sí, puede ser mala. Pero como todo tóxico, depende de la dosis y de la forma de ser ingerido. La nicotina puede, por ejemplo, aumentarle el ritmo cardiaco
y la presión arterial. En parte por eso, el tabaco y otros productos procesados que contienen nicotina no están recomendados para menores de edad, mujeres embarazadas, hipertensos o personas con complicaciones cardiacas.

Pero es adictiva, ¿cierto?

Sí, claro, la nicotina que viene en los cigarrillos crea una adicción complicada. Y ojo: por eso hay que tratarla con cuidado. Lo que pasa es que cuando el humo del tabaco es inhalado, la nicotina se absorbe a través de los pulmones, ingresa al torrente sanguíneo y alcanza el cerebro en menos de 20 segundos. Y es en ese momento cuando se mezcla con otros químicos del cuerpo y afecta el “centro de placer” del cerebro. De ahí los efectos agradables que siente mucha gente al fumar; pero también de ahí el deseo de consumir más nicotina y el peligro de caer en una adicción. (Fumando marihuana contra el nuevo código de policía)

¿Y entonces eso es lo que lo hace a uno adicto al cigarrillo?

En últimas, sí, pero también hay otros factores en el ambiente —otros amigos fumadores, presión social, estrés…— o de comportamiento del fumador la imposibilidad de dejar el cigarrillito con tinto de después de almuerzo, por ejemplo— que inciden directamente en el hábito de fumar.

Por eso a la gente le cuesta tanto dejarlo…

Exactamente. Según un estudio del año pasado de la American Cancer Society (Sociedad Estadounidense contra el Cáncer), solo el 7 % de los fumadores logran dejar el cigarrillo definitivamente cuando lo intentan por primera vez.

¿Qué se puede hacer entonces?

Además de todas las estrategias de salud pública posibles, es clave que las personas que definitivamente no quieren —o no pueden— dejarlo se pasen a otros productos alternativos que sean menos dañinos, pero que les proporcionen una sensación similar a la de fumar. Y eso, por supuesto, no lo decimos nosotros, lo dicen los que saben.

En un reporte de 2016, la OMS habla sobre Sistemas Electrónicos de Entrega de Nicotina (ENDS, por sus siglas en inglés) y asegura que “si la gran
mayoría de fumadores de tabaco que son incapaces de dejarlo o están reacios a hacerlo se cambiaran sin demora a usar una fuente alterna de nicotina con
un menor riesgo para la salud, y eventualmente la dejaran de usar, esto representaría un significante logro contemporáneo para la salud pública”.

Un momento: ¿por qué debo creer esta información así nomás?

Usted decidirá si cree o no, pero lo importante es educarse. Este tipo de información la avalan desde profesores de medicina y expertos en enfermedades respiratorias hasta estudios de instituciones con buena credibilidad en el mundo científico, que han asegurado que una cosa es la nicotina y otra muy diferente el daño causado por el cigarrillo, y que mezclar esas dos cosas confunde al público en general. Acá le citamos dos fuentes, para que entienda de qué le estamos hablando. Vamos por partes. Ann McNeill es profesora de la materia Adicción al Tabaco en el Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King’s College de Londres, la cuarta universidad más antigua de Inglaterra y una de las más prestigiosas del Reino Unido. McNeill, quien ha dedicado su vida a investigar maneras para que la gente deje de fumar, declaró a la prensa en 2015 que “debemos dejar de demonizar la nicotina”, pues esta incluso se puede usar en terapias para dejar de fumar. Por otro lado, el Royal College of Physicians, una legendaria institución británica que se dedica a mejorar las prácticas médicas, ha asegurado en más de una ocasión que los nuevos productos para fumadores son menos dañinos que el cigarrillo.

¿Qué tan cierto es que los fumadores pasivos se afectan casi igual o peor que los activos?

Es, digamos, bastante cierto. Según la OMS, de los 6 millones de personas que mueren anualmente por fumar, 600.000 son no fumadores, pero vivían expuestos al humo de segunda mano. Así como lee: el 10 % de la gente que se enferma por culpa del cigarrillo no es fumadora.

¿Y entonces, si no soy fumador, qué puedo hacer al respecto?

Si nunca en su vida se ha fumado un pucho pero está preocupado por esta cifra, lo que le vamos a decir es importante, y también muy obvio: aléjese de
la gente que está fumando, pídales a sus amigos que no le fumen encima, váyase si en un apartamento la gente le está fumando alrededor… mejor dicho, exija respeto, carajo.

¿Y si lo que está fumando la gente a mi alrededor son cigarrillos electrónicos, también me debo alejar?

Bueno, ahí la cosa es a otro precio. Según estudios de las propias compañías tabacaleras relacionados con algunos productos específicos de nicotina sin
combustión, estos no impactan negativamente la calidad del aire, o la impactan de forma mínima cuando alguien los usa en espacios cerrados. 

Entiendo, ¿pero por qué les debo creer a las tabacaleras?

Si no quiere, no les crea, ese es asunto suyo. Pero sepa, de todas maneras, que —por increíble que parezca— 53 doctores que han estudiado a fondo el tema de los nuevos dispositivos de nicotina y sus efectos en la salud —entre ellos, el francés Jean- François Etter, profesor del departamento de Acción Social y de la Salud de la Universidad de Ginebra y director de Stop-tabac.com, y el cardiólogo griego e investigador de nuevos productos para fumadores Konstantinos Farsalinos— le enviaron hace tres años una carta a la OMS en la que criticaban su política que tiende a atacar los cigarrillos electrónicos. Entre
muchas otras cosas, decían: “La exposición de terceros a los químicos de los vapores de los cigarrillos electrónicos no llega a niveles que pueda esperarse que causen problemas para la salud”. De nuevo, nosotros le damos la información, las conclusiones sáquelas usted.

Y hablando de tabacaleras, ¿qué están haciendo al respecto?

Básicamente, gastando billete a la lata para encontrar aquellos productos que eventualmente puedan reemplazar el cigarrillo.

¿Por qué?

Porque ven que el negocio está cambiando y la gente en todo el mundo busca productos menos dañinos. Las compañías tabacaleras en general dicen haber invertido miles y miles y miles de millones de dólares en el desarrollo de productos con el potencial de reducir el riesgo y aseguran haber trabajado
de la mano de cientos de científicos de áreas muy diferentes: desde cardiólogos hasta microbiólogos, desde físicos atómicos hasta bacteriólogos. La idea principal de algunas es incentivar el cambio de los cigarrillos a los nuevos productos de tabaco.

¿Cuáles son esos nuevos productos?

En principio, son los cigarrillos electrónicos o e-cigarettes. También hay otros productos, como el “snuns”, una mezcla de tabaco, sal, agua y aromatizantes que se consume vía oral —sí, se masca— y que es famosísima en todos los países escandinavos, especialmente en Suecia. Y existen otros sistemas de
altísima tecnología, llenos de innovaciones aplicadas hasta en la ciencia aeronáutica: dispositivos electrónicos que evitan la combustión y emiten es una especie de vapor, que —según dicen sus fabricantes— es menos dañino. En Colombia ya se encuentra uno de estos aparatos; se llama Iqos y es un gadget
que controla la temperatura.

¿Y qué tanta diferencia hay entre los cigarrillos de siempre y estos nuevos productos?

Estos nuevos productos pueden contener 90% menos componentes tóxicos que los cigarrillos.

No me lo termino de creer… ¿quién dice eso?

Lo dicen, entre otros, el Reporte Público de Salud de Inglaterra de 2015 y el Royal College of Physicians. Y la carta que ya le citamos de los científicos a
la OMS —que es de 2014— afirma que “estos productos pueden estar entre las innovaciones en salud más significativas del siglo XXI” y “tal vez salven cientos de millones de vidas”.

¿Y dichos productos son seguros también para los fumadores pasivos?

Según las investigaciones de las mismas tabacaleras, sí. De nuevo: usted verá si les cree. Pero precisamente por eso es clave que los científicos y académicos se metan en el tema y lo estudien con juicio.

¿Me están diciendo entonces que ahora cualquiera puede dejar de fumar precisamente fumando estos productos?

Que le quede bien clarito: los productos de riesgo reducido, incluidos los cigarrillos electrónicos y aquellos que calientan el tabaco, no son una alternativa
para dejar de fumar. Su objetivo es que los fumadores que no están dispuestos a dejar el hábito del cigarrillo puedan reemplazar los puchos de siempre,
los que sacan nubes de humo, impregnan cualquier recinto cerrado y dejan los dientes amarillos, por productos más limpios y con el potencial de ser considerablemente menos dañinos. Si quiere saber más del tema, puede buscar todos los estudios científicos que acá citamos y hasta más. Así que ya sabe…

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.