Hormigas culonas
Los hormiguistas piden que no se les llame así porque es denigrante para la hormiga. Prefieren el desangelado “hormigas voluminosas” o el eufemístico “hormigas grandes” o, aun, y de manera galicada, “hormigas á la Piedad”. Son, por supuesto, un pasaboca afrodisiaco. Ponerlas en el centro de una reunión en Santander, de donde son oriundas, no es una buena idea. Son hembras: el macho no se consume, y, si acaso se consume, pertenece a la intimidad de cada quien. Las hay, ahora, con sabores. A simple vista, son unas hormigas culonas ahí: comunes y corrientes. Una vez metidas en el paladar, sin embargo, se descubre que son hormigas con patas, con paticas. Es común en Bucaramanga, Barichara o Guane oír la frase: “Se te quedó una pata en este diente, mija”. 
Panderito
Según varias organizaciones ambientalistas, este delicioso confite esferoide natural de la costa atlántica, rico en azúcar y harina, es el culpable de la escasez de agua. Según cálculos del Instituto Científico de Missouri, por la ingesta de cada bolita de panderito se requiere un mínimo de tres litros de agua para apaciguar su sabor empalagoso. 
Achiras 
El problema fundamental de los bizcochos de achira, hechos en el Huila, en Fortalecillas o Altamira, con almidón de la planta monocotiledónea achira, yemas de huevo y cuajada, es que la gente sigue diciéndole “alchiras”. Ha roto por igual los dientes de los hombres honestos y los colmillos de los políticos más conservadores del país. Ha sido convertida en pasabocas por Ramo y en bizcochuelo tipo exportación con leve sabor a café. La actriz Consuelo Luzardo, ha confesado a la prensa su terrible adicción: “La achira es mi vicio”, ha dicho de manera valiente en un país en el que nadie se atreve a confesar ese tipo de cosas. Y ni siquiera así, con semejante exposición, la gente aprende.
Habas
La Vicia faba es una leguminosa cuyas flores adorna los páramos nacionales, particularmente en los departamentos de Boyacá, Cundinamarca, Nariño y Santander. Llegó al país traída por los conquistadores y halló a sus pares en un grupo de tubérculos autóctonos como la chugua, la hibia y el cubio, en las terminales de transporte, comederos de perro cojo y piqueteaderos sin ventilación. La otra forma de consumo es frita o tostada. El maní, el marañón, la almendra y el pistacho la miran por encima del hombro, pero eso poco importa a los boyacenses, huilenses y santandereanos, que la consumen en grandes cantidades.

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