La respuesta parece haber sido resuelta por una extensa investigación hecha por el Departamento de Ciencias de la Universidad de Frankfurt en Alemania, en la que el principal objetivo era medir la repuesta cognitiva de deportistas de alto rendimiento mientras escuchaban música antes, durante y después del ejercicio. La primera gran conclusión fue que todos los participantes sintieron algún grado de placer al escuchar una melodía y que fuera cual fuera el momento del ejercicio, esta causaba agrado.

Pero otro aspecto clave de la investigación fue encontrar que, entre más estimulante la música, más riesgos y más esfuerzo realizaron los atletas. Un claro ejemplo es el de los basquetbolistas que participaron del experimento: los que escuchaban música mientras competían, sentían la necesidad de intentar tiros de larga distancia —que valen más puntos—, pero su porcentaje de aciertos no mejoró tanto como su optimismo. Otro ejemplo es el de los golfistas, que se animaban a pegar golpes de mayor dificultad y a ser más agresivos con el putt mientras tenían los audífonos puestos, algo potencialmente devastador en un torneo. Así las cosas, se pudo determinar que el poder de la música en plena competencia tiene dos caras, pues por un lado convence a los atletas de que son capaces de jugar a un nivel superior y los lleva a ser más arriesgados, mientras por otro puede hacerlos menos precavidos y víctimas de desconcentración. Lo que sí quedó clarísimo es que escuchar música animada antes de competir es clave para relajarse y mejorar el estado de ánimo. Por algo un deportista como Michael Phelps permanecía conectado a sus audífonos hasta dos minutos antes de entrar al agua.

3 consejos extra para mantenerse saludable

Cero alcohol

Muchos creen que si van a hacer ejercicio el sábado, pueden tomarse una cervecita el viernes y no pasa nada. Pero la realidad es que hasta una sola tiene un efecto negativo y hay muchos estudios que lo respaldan. Uno de ellos lo realizó el Departamento de Cardiología de la Clínica de Minnesota, que encontró que así se tenga un 0,4 de alcohol en la sangre —media pola—, el cuerpo ya lo siente. El tema es que esta sustancia tiene una molécula que busca cualquier fuente de agua en el organismo —eso incluye el cerebro— y, al momento de exigirse físicamente, usted empieza a deshidratarse más rápido.

¡A saltar!

Una de los elementos más eficientes —y baratos— para hacer ejercicio es un lazo. ¿Por qué se lo decimos? Porque el cardio que hace saltando diez minutos es más del que hace trotando 30. Además, un estudio hecho por el Departamento Atlético de la Universidad de Harvard encontró que este simple ejercicio genera una activación muscular de cuerpo completo y tiene beneficios para su estado físico y condición cardiovascular. Saltar cuerda también es un excelente complemento si quiere hacer ejercicios de alta intensidad que buscan, en tan solo 30 minutos, exprimirlo y quemar una buena cantidad de calorías.

Ver para creer

¿Cada cuánto me debo ejercitar para notar cambios en mi cuerpo? Esa es la pregunta que parece no tener respuesta. Por supuesto, eso dependerá siempre de muchos factores: qué ejercicio esté haciendo, con qué frecuencia, qué está comiendo… Sin embargo, y para darle una repuesta concreta, la Asociación Americana de Medicina encontró que lo ideal es entrenar entre tres y cinco veces a la semana y, en lo posible, combinando las rutinas (por ejemplo montar bicicleta un día, alzar pesas otro y, finalmente, trotar). Todo, lógicamente, debe ir acompañado de una alimentación sana y balanceada.

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