El guayabo se respeta. Uno no puede ir por la vida después de una noche de copas digna de Bukowski o Baudelaire queriendo ir al gimnasio. Los motivos, a pesar de ser obvios, pueden llegar a sorprenderlo. Si levantó más de una botella anoche quédese quieto en la cama hasta que su cabeza deje de martillar. Si no lo sabía, el consumo de alcohol produce acidosis, un estado en el que el exceso de ácidos en los tejidos musculares y en la sangre, sumado a la producción de ácido láctico durante una rutina promedio de ejercicio, aumentan el riesgo de sufrir lesiones musculares. Además, cuando toma, su organismo reacciona aumentando la producción de insulina en el cuerpo. Esto no solo le da una mayor sensación de hambre, sino también un poco de temblor, taquicardia, ansiedad y dolor de cabeza. ¿Alguno de estos síntomas le suena familiar?

También habrá notado que durante el guayabo su cuerpo siente mayor cansancio y la visión se vuelve borrosa. Todo esto producto de la dilatación de los vasos sanguíneos, la disminución de la glucosa en la sangre y la tradicional deshidratación. Entonces, cuando usted quiere ser una persona “responsable” y aplicar eso de que el que peca y reza empata, lo que está haciendo es poner en riesgo su salud.

Es mejor que se trague el sentimiento de culpa, pues los músculos no están en óptimas condiciones y necesitan reposo. No deje su cama y ni se le ocurra despertar a su pareja. Mejor prenda el televisor y póngase a hibernar. Pero evite las películas de acción y de terror, tenga en cuenta que la frecuencia cardiaca del enguayabado aumenta y tanto estas como hacer ejercicio la elevarían todavía más. Conéctese con su yo interior y deje que su corazón se tranquilice. Y como la deshidratación puede causar agotamiento y calambres, suero y una ventana abierta son la fórmula del éxito.

Si no se aguanta las ganas de ejercitarse, haga bicicleta estática, elíptica o una carrera suave durante máximo treinta minutos.

La medida ideal

Según varios estudios, se calcula que la cantidad ideal de cerveza es de 200 a 450 mililitros diarios para un hombre y 300 para una mujer. Esto siempre y cuando no se consuma ninguna otra bebida alcohólica en el día. Si se trata de cerveza sin alcohol, siéntase libre de tomar toda la que le plazca. 

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