Por muerte de joven en fiesta electrónica en Bogotá, denuncian ante la Fiscalía a los organizadores
Por muerte de joven en fiesta electrónica en Bogotá, denuncian ante la Fiscalía a los organizadores | Foto: Libre de derechos

Opinión

La vida hedonista y gastona después de la pandemia

Por: Ricardo González Duque

Hay un desboque social, un derroche financiero y unas ganas de recuperar el tiempo perdido porque “quién sabe qué pasará mañana”; el aumento de créditos y viajes así lo prueban. ¿Pero qué hacer cuando llegue la cuenta de cobro?

¿Qué pasa si mañana hay otra pandemia, nos vuelven a encerrar y nos quedamos con los ahorros guardados en el banco? Esa reflexión la deben estar teniendo muchos colombianos por estos días cuando el único vestigio que queda de la emergencia sanitaria por el covid-19 son los tapabocas que se usan cada vez menos y solo en el transporte público. Si el mundo se acaba, qué desperdicio haber dejado plata guardada y no haberla disfrutado.

La reflexión para la vida después de la pandemia es equivalente a la que recientemente hizo en sus redes sociales el analista financiero Claudio Zuchovicki, quien contó el diálogo que tuvo con un taxista que le soltó la frase: “si te morís y te sobra guita, hiciste mal las cuentas”, una adaptación de la expresión original del Nobel de economía italiano, Franco Modigliani, que aseguraba palabras más, palabras menos que “la herencia es un error de cálculo”.

Sin saber si nos vamos a morir muy pronto, es casi un imperativo disfrutar cada minuto de existencia después del aburrimiento de las cuarentenas, la angustia de las noticias con las cifras diarias del virus y el dolor por la pérdida de amigos o familiares, por lo que muchos ya no se permiten decirle “no” a nada.

Ya desde el año pasado, cuando la vacuna empezaba a sacarnos poco a poco de esta pesadilla, algunos anticipaban lo que se vendría cuando la pandemia fuera superada. Como una avalancha después del represamiento de las aguas, como una explosión contenida, como ese grito que se suelta después de horas de silencio obligado; así tendría que ser la vida después de esos días de película de ficción.

El investigador de la Universidad de Yale, Nicholas Christakis, se lo anticipaba a la BBC: “Si miras lo que ha pasado en los últimos 2.000 años, cuando las pandemias terminan hay una fiesta” y explicaba que los sentimientos que generaba el covid-19 hacían que la gente “fuera más religiosa, ahorrara dinero, le tomara aversión al riesgo y tuviera menos interacciones sociales”.

Pero ya que estamos pasando esta página, la realidad es otra: “Como pasó en los locos años 20 del siglo pasado, la gente buscará inexorablemente más interacción social, irá a clubes nocturnos, restaurantes, manifestaciones políticas, eventos deportivos, gastará el dinero que no había podido gastar”. Para resumir este renacimiento después del coronavirus en una frase: “Después de la pandemia puede venir una época de desenfreno sexual y derroche económico”.

Mientras estoy conversando con un taxista en Medellín, en uno de los tantos viajes que inusualmente he hecho este año, gastándome lo que no tengo, él empieza a ratificar la teoría de la vida después de la pandemia y a contar que la ciudad ha estado particularmente llena de turistas: “La gente ya no se quiere guardar nada” a lo que sigue con una anécdota de un primo suyo que decía tener la vida resuelta porque le iba muy bien con sus lavaderos de carros, pero era muy tacaño consigo mismo. En medio del confinamiento, en el que nadie salía a nada y mucho menos a lavar un carro, el primo lo llamó llorando a decirle que le dolía tener millones de pesos en el banco sin poderlos gastar con el mundo completamente encerrado.

La zozobra de la pandemia que nos mantenía en una sensación de estar acumulados -algo quizá peor a cuando hay abstinencia sexual- se ha liberado en forma de avalancha, por lo que todos quieren gastar desesperadamente; para la muestra están las cifras de la Superintendencia Financiera que dan cuenta de que de 2019 a la fecha, los cupos de las tarjetas de crédito en Colombia subieron de 62 billones de pesos a 100 billones de pesos y las deudas con estas tarjetas crecieron un 45% en solo un año, hasta los 8 billones de pesos. Un desboque crediticio.

Los colombianos están viajando más, incluso un 5% por encima de las cifras que se reportaban antes del covid-19, de acuerdo a Migración Colombia y ni el dólar a 4.300 pesos ni el euro a 4.550 pesos, han detenido esas ganas de gastar por la simple razón de que no se sabe qué pasará mañana.

El riesgo está, por supuesto, a la hora de pagar, al momento de mirar los extractos bancarios y constatar que el mundo ni se ha vuelto a encerrar ni se ha acabado. La Superfinanciera ya reporta que los deudores colombianos ya no están quedando en mora como anteriormente a los 12 meses, sino antes, a los 90 días. Así que está bueno eso de no llevarse nada a la tumba, de seguir la filosofía de “nadie me quita lo bailado”, pero tampoco se exceda gastando más de lo que tiene o pueda pagar porque por más pandemias que vengan -que las habrá- los bancos seguirán cobrando.

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