Sanna Marin, primera ministra de Finlandia (Photo by JOHN THYS / POOL / AFP)
Sanna Marin, primera ministra de Finlandia (Photo by JOHN THYS / POOL / AFP) | Foto: AFP or licensors

Opinión

22 de agosto de 2022

Una sensual primera ministra de fiesta: la política ya no es cosa de hombres, o sí

La filtración de un video de la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, en una fiesta, la obligó a hacerse un test de drogas. Además, dejó planteada una reflexión de fondo para Ángel Ramos en este artículo: ¿la gente guapa no puede hacer carrera en la política?

Por: Ángel Ramos

Especial para SoHo desde Madrid, España

Si alguna vez vienen a España y viajan por carretera descubrirán que, al lado de muchas de ellas, se erigen unas enormes siluetas que representan a un toro bravo. Los diseñó un señor muy adelantado a su época llamado Manolo Prieto. No fue Don Manuel un excéntrico artista que, por iniciativa propia, decidiera decorar el horizonte español con esta sencilla pero icónica muestra de su arte. Fueron las Bodegas Osborne las que, en 1956, le encargaron hacerlo para promocionar el que se convertiría, además de sus vinos, en su producto estrella: el brandy Soberano. Un licor similar al cognac con la diferencia de que el español se produce en Puerto de Santa María, localidad de la provincia de Cádiz, al sur de Andalucía y el cognac en la región francesa de Cognac que queda bastante más al norte. Las diferencias entre ambos destilados son sutiles, por cierto, pero apreciables.

El éxito de la campaña fue tal que el Soberano se convirtió en una bebida habitual que acompañaba los cafés que los españoles tomaban en el desayuno (sí, aquí está bastante aceptado tomar alcohol a horas que espantan a nuestros vecinos europeos), la sobremesa o la cena.

El toro de Manolo Prieto con los años se ha convertido en un ícono popular que se reproduce en camisetas, pisapapeles o, sorpréndanse ustedes, en banderas nacionales a las que se imprime dicha silueta tapando el escudo constitucional que tiene nuestra enseña. Ni siquiera la ley aprobada a finales de los años 80 que prohibía la instalación de vallas publicitarias cercanas a las carreteras acabó con el toro famoso. Se decidió que eran parte de nuestro patrimonio artístico, se borró la marca de Brandy de la imagen y allí siguen.

Pero dicha campaña no fue suficiente para el mantenimiento de la marca y Bodegas Osborne, otra vez, inventó un eslogan que todavía se mantiene en la memoria y en nuestras conversaciones: “Brandy Soberano. Es cosa de hombres”.

Durante muchos años el fútbol o la política o la ingesta de Brandy Soberano fueron solo “cosa de hombres”. Aquí, cuando queremos remarcar que algo es una actividad masculina repetimos eso de “cosa de hombres”. Dicho sea de paso ahora lo hacemos con cierta distancia irónica porque, la verdad, el mundo ha cambiado (para bien en ese sentido) y lo que antes solo era “cosa de hombres” ahora incluye también a las mujeres.

En todos los años en los que la política fue “cosa de hombres” nos acostumbramos a que nuestros dirigentes no fueran demasiado guapos. Mucho carisma y poder, pero poco sexy. Rebusquen en su memoria, revisen sus recuerdos y se darán de bruces con la realidad: ni uno. Todo atiende a algo que creemos real, a una falacia: Si eres guapo, eres tonto.

Los hombres más atractivos estuvieron, durante años, vetados para los grandes puestos de responsabilidad y tuvieron que buscarse la vida en otros negocios. La gente guapa lo tiene mal en política, son una minoría de minorías. ¿Le dio la suerte o la genética un rostro agraciado, un cuerpo de adonis? Hágase usted actor o presentador de televisión o modelo de pasarela internacional. Ese es su sitio. Ahí hará carrera.

El ser humano cree en el equilibro de fuerzas. Puedes tener unas dotes pero no puedes reunir todas las dotes (belleza y poder en este caso) en una misma persona. Recuerden ustedes a Remedios ‘La bella’, el personaje de Cien años de soledad creado por Don Gabriel García Márquez. Remedios, inconsciente del poder de su belleza, provocaba la locura de los hombres de Macondo. García Márquez resumió en su obra universal una falacia también universal: la belleza tiene un reverso tenebroso que llama a perder la cabeza al que la contempla, que llama a pecar, a abandonar el sosiego y a hacer tonterías (en algunos casos mortales como nos contaba en su obra).

Pedro Sánchez anunció aumento en gasto militar de España y aportes a la OTAN
Pedro Sánchez anunció aumento en gasto militar de España y aportes a la OTAN | Foto: AP Photo/Bernat

Nuestro presidente, Pedro Sánchez, es formalmente guapo. Es alto, conserva el pelo, parece tener un índice de masa corporal saludable. Sus detractores de manera directa o indirecta le han acusado muchas veces de ser tonto y de no tener otras cualidades más allá de las estéticas. A veces tampoco le conceden eso porque, la verdad, el marcaje al que está sometido es parecido al que sufrirá su compatriota Luis Fernando Díaz en la Premier League inglesa.

Los seguidores de Pedro Sánchez, sin embargo, cuelgan videos en redes sociales donde se ve al mandatario desplegando sus encantos ante Angela Merkel, Ursula Von der Leyer (presidenta de la comisión europea, o Christine Lagarde (presidenta del Banco Central Europeo) y apuntan a que su buena planta es parte de sus éxitos ante la Unión Europea. Esto, vaya por delante, es algo que nunca escucharán de ninguna de sus homólogas femeninas o de ninguna política en activo. Lo saben muy bien las políticas españolas que son acusadas de ser guapas y exitosas. Como si esto fuera algo malo. Por guapas y exitosas algunos consideran también que, vale de nuevo la falacia, son tontas sin que ninguno de sus detractores pueda explicar como alguien tonto ha llegado tan alto o dando unas explicaciones que no podría reproducir en las páginas de esta publicación. Les invito a investigar si les pica la curiosidad.

Las mujeres que tomaron la carrera política fueron víctimas de esta falacia. Las que han tenido una carrera más exitosa suelen ser como sus homólogos masculinos: menos atractivo que carisma. No diré nombres porque no es mi labor decirles a ustedes cuáles tienen que ser sus gustos que son libres y personales, pero les invito a rebuscar en su archivo mental y, caerán en la cuenta, de que no hay muchos ejemplos para rechazar mi teoría. Además son una minoría, según Naciones Unidas, solo 22 mujeres son Jefas de Estado o Presidentas de sus países. Exactamente un 6% de los 193 países del planeta están gobernados por mujeres.

Una de esas 22 dirigentes es Sanna Marin. Es la Primera Ministra de Finlandia. Es la excepción de la excepción de otra excepción. Me explico.

Es una mujer joven con una carrera muy exitosa que ha quemado etapas a la velocidad del rayo. Hace 10 años, con solo 27, ya formaba parte del gobierno local de la ciudad de Tampere. Hace 8 ya era vicepresidenta segunda del Partido Socialdemócrata de Finlandia y hace tres ya era ministra de transportes. En 2019, tras la renuncia del socialdemócrata Antti Riine al cargo de primer ministro, se convocaron elecciones y fue designada candidata de su partido. Ganó los comicios y dirige Finlandia desde entonces.

Sanna Marin, primera ministra de Finlandia, fue captada en una fiesta donde aparentemente había consumido drogas
Sanna Marin, primera ministra de Finlandia, fue captada en una fiesta donde aparentemente había consumido drogas | Foto: Con derechos gestionados de AFP

Su historia personal no es muy común entre los políticos europeos. Es hija de madre soltera muy humilde. Siendo ella una niña su madre inició una relación con otra mujer y ambas criaron a Sanna.

Marin fue recibida en el panorama político europeo como una rareza: buena imagen, joven, enérgica y, sobre todo, alejadísima de la seriedad y la formalidad que suele rodear a los representantes de los países del norte del continente muy poco dados a los gestos espontáneos.

Hace tan solo unos días se conoció un video privado de la primera ministra en la que se la veía disfrutando de una fiesta privada. Bailes. Música alta. Amigas haciéndose selfies. Entre las invitadas algunas caras famosas en su país: una diputada de su partido, dos presentadoras de TV y una influencer. Una tormenta de las malas se descargó sobre ella.

La propia Sanna Marin hizo hace dos días una declaración en la que reconocía que había tomado alcohol (se entiende que bastante). Se le preguntó si, además de alcohol había consumido cocaína que es algo que se ha rumoreado insistentemente pero que no se aprecia en el video viral. Contestó con un lacónico “No de forma consciente”. Una respuesta tan breve y concisa pero que, a la vez, podría sembrar la duda o alargarla y ha evitado que se siga hablando del tema. Negarlo tajantemente parece lo más obvio pero, la verdad, las respuestas tajantes de los políticos a preguntas espinosas sobre su vida privada suelen dar más que hablar. La respuesta tiene que ver con que la oposición conservadora le exigió someterse a un test de drogas que, al cierre de esta edición, ha dado un resultado negativo.

Al parecer fue una de sus asistentes la que colgó el video en su página personal de Instagram sin entender las implicaciones peligrosas que tendría para la primera ministra. Y llovía sobre mojado porque no es la primera vez que la primera ministra se somete a un duro marcaje: en 2021 ocupó las portadas de todos los tabloides finlandeses cuando se descubrió que había acudido a una fiesta en una discoteca, salido de la misma a las 4 de la mañana y dejado su móvil oficial en casa.

Entre la publicación y la comparecencia el asunto ya estaba bajo la lupa de las redes sociales. Las primeras críticas fueron eminentemente machistas porque, ya saben, no hay nada más que le guste a un machista que una mujer joven y exitosa metida en un barullo de estas características pero, la verdad, una crítica abiertamente machista no hubiera hecho mella en la imagen de la primera ministra y, consecuentemente, reforzaría su imagen. Así que las cosas viraron hacia el lado que tendrían que virar: criticar la decisión del gobierno finlandés de entrar en la OTAN. Si no puedes acusar a una mujer joven de tener éxito, de tener vida privada, de divertirse o de lo que ustedes quieren siempre pueden ocultar lo que piensan diciendo que es “una irresponsable”, que es “la cara de la decadencia de Occidente” y que es guapa y, por lo tanto, tonta. Y nadie debería dejar las cuestiones importantes en unas manos torpes. Así todo suena bastante mejor.

Sanna Marin, primera ministra de Finlandia (Photo by JOHN THYS / POOL / AFP)
Sanna Marin, primera ministra de Finlandia (Photo by JOHN THYS / POOL / AFP) | Foto: AFP or licensors

Pese a lo que pidera parecer esta decisión no fue un capricho o una imposición de la primera ministra. La cuestión se votó en el parlamento finlandés y alcanzó una aplastante victoria del Sí a la OTAN: 188 votos a favor. 8 en contra. ¿Por qué? En el despliegue militar que antecedió a la invasión de Ucrania el ejército ruso desplegó misiles y tropas por toda la frontera con la excusa de estar desarrollando unas maniobras militares. El gesto provocó el miedo de los finlandeses. No hay duda.

Pese a que Sanna Marin ha negado la posibilidad de que el video fuera parte de una operación de chantaje lo cierto es que la sombra de los servicios secretos rusos parecía dibujarse sobre la filtración del mismo.

Dentro de este juego de ajedrez bien podría incluirse el video de Sanna Marin cuyo país ha abandonado su neutralidad tradicional para acabar convirtiéndose en un país de la OTAN. Las relaciones entre Rusia y Finlandia nunca han sido fáciles. En 1939, y como producto de los acuerdos entre la Alemania Nazi y la Unión Soviética esta invadió Finlandia. La llamada “Guerra de invierno” fue un enfrentamiento cruento en el que los finlandeses, en contra de todo pronóstico, inflingieron duras pérdidas a los soviéticos. La guerra se alargó y el Ejército Rojo perdió parte de su prestigio. Tanto es así que Adolf Hitler pensó que su entonces aliada era débil, rompió los pactos de no agresión y comenzó la “Operación Barbarroja”, es decir, la invasión de la Unión Soviética. El resultado es conocido.

Finlandia no fue neutral por decisión propia: las dos superpotencias de la guerra fría acordaron que había países que no debían unirse a la OTAN. Los soviéticos no querían al enemigo tan cerca de sus fronteras y los estadounidenses aceptaron de buen grado si sus enemigos renunciaban a instalar bases militares en Cuba o en países cercanos a sus intereses.

En 1990 se reeditaron las tensiones entre ambos países cuando una Unión Soviética al borde de la desaparición acusó al gobierno finlandés dirigido por el conservador Harri Holkeri de favorecer la escisión de Lituania que declararía su independencia unilateral ese mismo año.

No se puede saber si Vladimir Putin, antiguo agente de campo del KGB y producto de la Guerra Fría, está detrás de la propagación del vídeo viral de la primera ministra finlandesa. Sí se puede entender que un mandatario famoso por jugar con la psicología de sus adversarios ha recibido el mismo con cierta complacencia.

El video viral de Sanna Marin es una pieza más de este complicado ajedrez. De un juego de desestabilizaciones y, claro está, de poder. Sin duda nadie lo vio venir. En su país la cosa anda reñida. Los partidos del pequeño país báltico critican que Marin participara de una fiesta cuando todavía no disfrutaba de sus vacaciones y, por otro, muchas mujeres finlandesas están demostrando su solidaridad con la política colgando vídeos donde participan en fiestas privadas.

Una cuestión que creo es baladí en un momento histórico en el que un país del propio continente ha sido invadido por otro y desencadenado una guerra que, como todas las guerras, dejará destrucción, heridos, muertos y una herida que tardará tiempo en cerrarse.

La experiencia dice que, mientras un sabio señala la luna, un tonto mira el dedo. Un tonto guapo o no. El asunto del video de Sanna Marin provoca una falsa polémica, nos hace mirar el dedo. Nos despista de lo esencial: Rusia sigue aplastando Ucrania y no parece que el asunto vaya a mejorar. La atención pública gira hacia una cuestión mínima y de poca importancia mientras la guerra en Europa sigue y se le presta menos atención. Los conflictos acallados, las guerras de las que nadie habla ya, hacia las que nadie mira son las más crueles porque los agresores, liberados del escrutinio público, pueden actuar con mayor libertad. Esta última polémica hace que nos entretengamos en otra cosa.

La política ya no es cosa de hombres pero las mujeres que se dedican a la política no reciben el mismo trato que sus colegas. Se les exige una moralidad a prueba de bombas, se escruta su vida privada con más celo. Son un blanco más fácil y están menos protegidas ante las críticas. Seas la primera ministra de Finlandia o una discreta secretaria de una pequeña empresa, da igual, porque si sales, te diviertes, bebes y bailas hasta altas horas de la madrugada se te va a tratar con la misma dureza.

Y eso es raro porque, en teoría, Sanna Marin es una mujer con poder y el poder suele proteger de estas cosas. No es el caso. No importa que dirija una nación europea porque la van a tratar con la misma dureza con la que, tradicionalmente, se ha sancionado la conducta de otras mujeres. Jóvenes o no. Con éxito o no. Que sea guapa, además, le hace un flaco favor porque ya saben lo que dicen de la gente guapa que quiere hacer carrera en política.

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