Aveces no es suficiente una gran erección, conocer qué es lo que más la calienta o saber cómo acompañarla para que tenga un orgasmo múltiple. Para tener polvos poderosos, de esos que encoñan, también hay que aprender a mirar el calendario y entender cómo funciona el ciclo menstrual de una mujer. Es muy poco lo que los hombres saben sobre la regla. No los culpo. Una cantidad asombrosa de mujeres tampoco sabe mayor cosa sobre su propio periodo.

Yo solía ser una de ellas. Crecí en un ambiente católico, con madre y profesoras devotas de la limpidez de la virgen, y estuve condenada al silencio, el asco y el desconocimiento de mi propio cuerpo desde la primera vez que manché los calzones, a los 13 años. Todo lo que me enseñaron sobre el periodo tenía que ver con la higiene o la resignación: así se ponen las toallas higiénicas; no te vayas a meter un tampón sin haber sacado el otro; la ropa interior manchada se lava en la ducha, con jabón de coco; no te pongas pantalones blancos en esos días; no hables en público sobre tu sangre. Pobrecita, mija, qué flojera, es una carga que debemos llevar todas nosotras.

Siempre tuve una relación aséptica con mi regla hasta que decidí dejar de tomar pastillas anticonceptivas hace un par de años. En medio del desequilibrio hormonal que eso me produjo, y el escándalo de la sangre volviendo a caer entre el inodoro como una avalancha roja planeada por Kubrick, me entró la curiosidad y comencé a investigar sobre el tema. Lo primero que descubrí fue mi propio descuido: había olvidado que la regla no es un evento aislado, sino un ciclo compuesto por cuatro fases que se repiten todos los meses. También supe que las pastillas anticonceptivas, aunque revolucionarias y maravillosas, claves para la planificación y el bienestar de algunas mujeres con problemas hormonales, alteran el ciclo natural de la menstruación.

Cuando dejé de tomarlas sentí como si hubiera pasado una década transitando por una autopista en línea recta, viajando sin sobresaltos, sin cólicos, sin arrecheras descontroladas, sin grasa en el pelo, y me tocó ponerme a timonear mi propio ciclo, una trocha sin pavimento, llena de curvas cerradas, tratando de no ser arrastrada por el reguero mensual de sangre melcochuda y de no rodar por el abismo negro de los cólicos menstruales.

Me volví visitante frecuente de blogs dedicados a desmitificar, hacer pedagogía y hablar sobre salud menstrual, como Vulvasapiens, El camino rubí o Broadly. Estos recopilan voces de sexólogas y ginecólogas innovadoras como Erika Irusta, Gabrielle Lichterman o Miranda Gray. Mientras leía sobre el tema, tuve ?tan tarde, ya entrada en mis treintas? una gran revelación: las cuatro fases del ciclo tienen todo que ver con la manera de vivir las relaciones sexuales, la sensualidad, el cuerpo y el deseo de una mujer. También entendí que aquello le compete a cualquier hombre a su alrededor sin importar si es esposo, novio, amante, machuque, gustico culposo o cualquier desvare de una noche.

El ciclo menstrual no es tema sencillo. Sin embargo, hay cosas básicas y muy útiles que cualquier hombre debería saber:

La “regla”, así, entre comillas

Día 1 al 7 del ciclo

Ya que “regla” es una palabra espantosa y castigadora, “periodo” es tan poco inspirador y “luna” muy hippie para mi gusto, prefiero usar nombres alternos para esta fase. En mi caso, podría llamarse “Ve a hacerte la paja y déjame tranquila”. Cuando estoy sangrando no quiero nada distinto a meterme una bolsa de agua caliente bajo la piyama y reptar entre la cama, el baño y la cocina. Los espasmos musculares que causan cólicos también producen diarrea. Algunas mujeres cagamos y sangramos al mismo tiempo, todo el tiempo, durante los primeros días del periodo. Nos duele desde el ombligo hasta el ano. Se siente como si un gran puño de hierro, frío e inclemente, estuviera abriéndose paso a la fuerza por el bajo vientre. Por favor, ¿quién va a tener ganas de follar estando en esas? Pensaba que la mayoría de mujeres se sentían igual, pero me asombró saber que no. Hice la pregunta “¿suelen tener sexo con la regla?” en un grupo cerrado de 1414 mujeres al que pertenezco en Facebook.

De las 40 que respondieron (miren qué pocas hablamos públicamente sobre el tema), 10 lo hicieron con un ‘no’ rotundo; 18 dijeron que ‘sí’ y argumentaron que les encanta. Se sienten más lubricadas, arrechas sin remedio por esos días y contaron que el sexo les alivia los cólicos. Las otras 12 respondieron que les da igual, o dijeron que sí con “peros”: prefieren hacerlo hacia los últimos días del periodo, cuando ha bajado el sangrado, y solo si tienen confianza o lo han conversado abiertamente con la otra persona. En esto último coincidimos casi todas.

Según Vulvasapiens, en esta etapa el nivel de estrógeno, que andaba por el suelo, comienza a elevarse otra vez, levantando con él la energía, las habilidades mentales y el ánimo de una mujer. Este bajo nivel de estrógeno puede llegar a inhibir las ganas de comer o de socializar.

“Me como el mundo”, la fase preovulatoria

Del día 8 al 13

Para seguir con los nombres alternos, Miranda Gray llama a esta fase “la Virginia Woolf”, en honor a la famosa autora del ensayo Una habitación propia, ícono de la literatura del siglo XX. La llama así porque, según Gray, en esta fase enérgica las mujeres queremos comernos el mundo, pero a nuestra manera. Nos ponemos rebeldes y no queremos trabajar en equipo, sino sacar adelante por nuestra propia cuenta lo que nos caiga entre las manos: proyectos, tareas puntuales, problemas sin resolver. En esta fase necesitamos “una habitación propia” para hacer lo que nos plazca, como nos plazca y eso incluye tener sexo según el gusto de cada una: cochino, violento, suave, tierno o como sea, con tal de que sea consentido y colaborativo. Después de resucitar del naufragio de la regla, para mí se siente como ver la luz otra vez y la energía que traen estos días me anima a salir a comprar calzones nuevos, o ir a hacer ejercicio para regresar sudadita a la casa, a convertir la ducha y el baño lleno de vapor en escena de película porno.

Durante esta fase el estrógeno sigue su carrera hacia la cima. Esto hace que la mujer se sienta más dinámica, extrovertida y mejore su capacidad para pensar rápido y hacer memoria. El deseo sexual se eleva y la piel se vuelve más suave y humectada.

Bomba sexual: la fase ovulatoria

Del día 13 al 16

Según Erika Irusta, esta fase se siente como “estar con una cerveza en una terraza”. Para mí se siente como destellar seguridad, gustarse muchísimo, caminar por la calle pisando fuerte, mirándose las nalgas en todas las ventanas y querer compartir un pedazo de semejante bocado con todo el mundo. Por esos días las mujeres estamos más dispuestas a socializar y conocer gente nueva. Es el momento “veranero” del ciclo: queremos salir de fiesta o hacer la fiesta en nuestra casa e invitar hasta al vecino cascarrabias. Estamos más receptivas y, gracias al pico de estrógeno, nos sentimos como bombas sexuales. Pero no hay que olvidar que esos días de arrechera maravillosa y autoadulación son los días más fértiles del ciclo. Así que, si el plan no es tener hijos, hay que follar todo lo que se quiera y repartir nalgadas, lambetazos y rasguños a diestra y siniestra, pero habiendo tomado las precauciones necesarias.

El estrógeno y la testosterona llegan a la cumbre. En su nivel más alto, son responsables de elevar aún más el deseo sexual y hacer que los orgasmos sean los mejores en todo el ciclo. Como todo lo bueno es corto, esto dura un par de días y luego de la ovulación, estrógeno y testosterona emprenden su caída de nuevo.

Putear, pelear y follar; la premenstrual

Del día 17 al 28

A esta fase no hay que inventarle nombres. Se ha hecho famosa y popular gracias al síndrome premenstrual (SPM): el mal genio, la irritabilidad, la lloradera y las pataletas, que aparecen con facilidad gracias al trabajo de las hormonas en estos días. Es muy común que se nos tache de “insoportables” durante esta fase, pero es un título injusto. Lo que pasa en realidad es que nos permitimos estallar. Si hemos estado todo el ciclo jugando a ser prudentes, autorregulándonos, posando de tímidas o reprimiéndonos cosas porque no todas tenemos el carácter para echar candela por la boca cuando es necesario, entonces aprovechamos esta fase para hacerlo. Puteamos, peleamos y follamos con la fuerza y la ira de siete cielos incendiados.

Estrógeno por el suelo y alto nivel de progesterona. Las mujeres nos ponemos más sensibles y algo perezosas. Algunas sienten que su libido aumenta justo antes del periodo. Esto no se debe a las hormonas, sino —según Vulvasapiens— a que “las terminaciones nerviosas de toda el área pélvica se estimulan mientras el cuerpo se prepara para menstruar”. .

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