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Los piropos en jaque: ¿hay que cambiar la forma de ‘echar los perros’?

Por: Miguel Valencia

¿Cuándo el piropo se convierte en abuso? Este año podría aprobarse una ley para que el acoso sexual, sea físico o verbal, sea castigado con cárcel. ¿Qué piensan las mujeres? ¿Cómo les va a ir a los hombres?

Jean ajustado, escote profundo y tacones altos. Andrea Bedoya duró cerca de dos horas alistándose para ir de paseo con su novio, su mejor amiga y la pareja de ella.

Frotó la almohadilla de sus polvos y los pasó por su rostro y cuello, luego se aplicó rubor y pestañina. “Estoy preciosa”, pensó mientras miraba sus ojos oscuros en el espejo y dejaba caer la fragancia de su perfume sobre su cuerpo.

Se tomó una selfie, la subió a Instagram y salió de su apartamento en un conjunto cerrado de Bogotá, donde siempre siente molestia al salir en pijama, porque percibe la mirada lasciva de los vecinos. “¿Quién pidió pollo?” No fallan con eso.

Salió a la calle, sus tacones rompieron el silencio, el frío golpeó su rostro y agitó su larga cabellera negra. Se cuidó de las baldosas defectuosas de Bogotá que a veces parecen escupir agua y empezó a cruzar por un taller de carros mientras dos mecánicos hablaban en mitad de un andén polvoriento.

Apenas los vio, tuvo la misma sensación que con sus vecinos, era inevitable. Al pasar al frente de ellos, uno le susurró, sin el mayor despliegue de creatividad, con lo que primero que se le vino a la mente: “si como camina cocina, me le como hasta la pega”, mientras se frotaba las manos con un trapo.

En el paseo, horas después, todo terminó arruinado porque el novio de su amiga la besó a la fuerza y la intentó meter a una habitación tras emborracharse. Su pareja no lo sabe y ella siente vergüenza de eso, como si fuera su culpa.

Acoso sexual, referencia.

¿Legislar el lenguaje? La propuesta que pondría en jaque a los piropos

“Bogotá es una ciudad que le cuesta más a las mujeres, que a los hombres”. Al menos así lo piensa Katherine Miranda, representante a la Cámara de la Alianza Verde, quien contó en qué momento sufrió acoso en Transmilenio siendo una estudiante universitaria.

“Cuando estaba en la universidad recuerdo que tomaba el Transmilenio y en la estación Ricaurte fui manoseada por un tipo. Al intentar denunciarlo me enfrenté a esa barrera en términos de justicia de que eso no era acoso sexual, así me estuviera manoseando, sino que era injuria por vía de hecho”, contó en entrevista para SoHo.

También explicó que en ese instante no podía creer que el sujeto la estuviera denunciando por lesiones personales por la cachetada que ella le propinó. En ese sentido, dispuesta a llegar a las últimas consecuencias, se enteró de que el manoseador solamente pagaría 48 horas de cárcel máximo por el hecho. “Terminé de víctima a victimaria”, dijo entre risas desde el Congreso.

Por esa razón y por las historias de muchas Andreas, presentó un proyecto de ley para que el acoso sexual en la calle sea castigado, es decir, si usted se va de lengüilargo podría ir preso entre uno y tres años, si así lo decide un juez. “Con esa pierna, ¿pa’ qué la otra?”, no pasaría impune.

“La iniciativa pretende castigar con pena de prisión de uno a tres años a quien, sin el consentimiento de otra persona, realice tocamientos, hostigamiento físico o verbal, acoso físico o verbal, exhibicionismo o cualquier otra conducta de un contenido inequívocamente sexual”, se lee en el proyecto de ley.

Dos hombres intentando hablar de feminismo

“Tienes unas gafas muy bonitas y una mirada hermosa”, me dijo de pronto Miranda. Pero es simplemente una demostración de que no todos los piropos son graves, ni decirlos darían para irse a la cárcel, de acuerdo con la iniciativa.

Después de conversar con ella en el Congreso, fuimos a escuchar a las mujeres a la calle, a ver si les sonaba la idea de ponerle un ‘tatequieto’ al piropo abusivo.

Éramos dos hombres y lo primero que notamos al tratar de hablarles a ellas es que tenían miedo, miraban con desconfianza y sospecha, entonces sin decirlo, ya sabíamos sus respuestas para conversar en medio de la Plaza de Bolívar.

“‘Ay qué ricas tetas, mamasita’, son cosas que le dicen a uno y hacen sentir súper incómoda”, se animó a contar Bárbara Suárez, una estudiante universitaria a quien le gusta el proyecto de Miranda porque acusa a los hombres, y se refería a los hombres en general, de ser “muy abusivos”.

“Siento que uno no se puede vestir libremente. Uno siempre está pensado, entre más me tape menos me ven”, aseguró con algo de decepción. A esa voz se sumó otra estudiante, Valeria García, quien afirmó: “si una mujer se pone una falda es porque le gusta, no es para provocar a un hombre” Y agregó sonriente: “aunque las mujeres también a veces son morbosas”.

Mujeres hablando sobre acoso sexual en Bogotá para SoHo

Otra de ellas, Fernanda González, que venció el miedo y quiso responder, lleva gafas negras, tapabocas blanco y una blusa de flores rosadas con fondo azul oscuro. Dijo que el piropo solo es necesario si la mujer lo quiere. “Somos humanos y necesitamos tener igualdad para quitar el machismo”, apuntó.

Sin embargo, Rosa Hernández, de jean, chaqueta azul oscura y cabello de color negro, añadió que la ley está bien, pero advierte que hay mujeres que se aprovechan de algunos vacíos que seguramente van a quedar, para sacar ventaja. “Hay que mirar ambas partes. Hay puntos a favor y en contra. Se debe tener en cuenta mi derecho y el derecho del otro”.

Mujeres hablando sobre acoso sexual

Y ahora, ¿cómo vamos a ‘echar los perros’?

Para Jorge Iván Moreno, Magíster en Lingüística y profesor universitario, la ley que propone la congresista no tiene en cuenta que el lenguaje es una interpretación subjetiva, es decir, como hay mujeres que odian los piropos, a otras podrían gustarles.

“El piropo se puede interpretar de diversas maneras. Además, las mujeres no son iguales ni ‘pertenecen’ al feminismo”, explicó sobre el movimiento que más podría respaldar leyes como esta.

“Los piropos, de manera educada, también se pueden interpretar como una forma en que un hombre se puede acercar a una mujer. Esto es desde tiempos históricos”, añadió.

En resumen, para él existen maneras elegantes del piropo que a muchas mujeres les pueden gustar. “Si el criterio para imputar a alguien por un piropo es si la persona se siente o no se siente ofendida, fácilmente el lenguaje puede hacer que la más mínima palabra, haga que todos nos sintamos ofendidos, por lo tanto, el lenguaje no se puede legislar”, concluyó.

Katherine Miranda tiene los senos bien puestos. Ese es un piropo que ella admite que le gusta porque denota fortaleza de su parte, la cual va a necesitar para que su iniciativa no se la tumben en el Congreso en los próximos debates. Pero se apruebe o no esa legislación, los hombres cada día vamos a tener que implementar nuevos métodos de conquista, apelar un poco más a la creatividad, porque el simple piropo y más aún el que puede resultar ofensivo, cada día se nos está devolviendo más como un búmeran.

Los piropos que más se repiten y que pueden resultar ofensivos para las mujeres

A muchas mujeres les encanta que les digan palabras bonitas, bien dicen que para ellas el primer sentido que se activa es el de la escucha. Sin embargo, algunos de estos piropos, que son los más usados para llamar su atención, podría generarles molestias. No olvide tener en cuenta el contexto, a quién se refiere y, cómo se dice popularmente, el ‘tonito’ que se use:

-¿De qué juguetería te escapaste, muñeca?

-Mi mamá nunca me dijo que las flores andaban.

-Estás como para invitarte a dormir, y no dormir.

-Si tu cuerpo fuera cárcel y tus labios cadena, qué bonito lugar para pasar mi condena.

-Apuesto a que te llamas Google, porque tienes todo lo que busco.

-¿Qué hace una estrella volando tan bajo?

-Me gustaría ser tu pijama para acostarme contigo en la cama.

-Si como lo mueve lo bate, qué rico chocolate.

-Me gusta el café, pero prefiero tener-té.

-Con esas curvas y yo sin frenos.

-Usted de rojo y yo con este antojo.

-Quién fuera bizco para verte dos veces.

-Si vivieras en el cielo, me moriría solo para verte.

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