En los primeros siete días después de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, 13.401 estadounidenses se registraron en las oficinas de inmigración de Nueva Zelanda para tramitar la ciudadanía de ese país. La cifra en una semana normal es 17 veces menor. Apocalipsis por Trump fue como el periódico The New Zealand Herald tituló la noticia. Lo cierto es que, por remoto que suene, nombrar este país en los círculos sociales más altos se ha convertido en una manera sutil de insinuar el interés de adquirir uno de los servicios cada vez más apetecidos y más costosos: el llamado “seguro apocalíptico”.

Durante la Guerra Fría, mientras en las montañas de Virginia se construía Project Greek Island, una guarida secreta para albergar a los miembros del Congreso en caso de guerra, el presidente Kennedy alentaba a todos los ciudadanos a que construyeran refugios nucleares en los garajes de sus casas. El búnker era una idea presente en la mente de toda una generación habituada a la amenaza constante de la catástrofe nuclear y preparada para afrontarla. Hoy, el movimiento de los survivalists o preppers mueve una industria de quinientos millones de dólares anuales solo en Estados Unidos.

En caso de que un meteorito choque con la Tierra, se inicie la Tercera Guerra Mundial o haya una pandemia, muchos gastarán sus días entre búnkers grises y fríos, rodeados de comida enlatada, soñando con ver la luz del sol. Para los más ricos, sin embargo, los primeros días del apocalipsis serán tan apacibles como los primeros en el paraíso.

“Empecé a preguntarme, ¿qué sabe el gobierno que yo no?”, cuenta Larry Hall, CEO de uno de los condominios de supervivencia más lujosos del mundo (ver infografía). La pregunta de Hall nació hace más de una década, cuando se enteró de que la Casa Blanca estaba volviendo a invertir en planeación de catástrofes, además de activar programas para transportar funcionarios federales en helicóptero hacia construcciones fortificadas en caso de ataque. En 2008, Hall compró un silo construido por el gobierno norteamericano y lo convirtió en el lujoso Raven Ridge of Kansas Survival. Hoy su proyecto sigue creciendo y Hall pide que digamos en esta nota que en un nuevo complejo todavía hay unidades disponibles y los inversores colombianos son bienvenidos.

Para quienes prefieren pasar sus días lejos de una comunidad tan grande, existe The Oppidum, en República Checa, publicitado como el “búnker para billonarios más grande del mundo”. El proyecto, construido en los años ochenta, está protegido por varios sistemas de seguridad y paredes inescalables. Los renders de las áreas comunes muestran jardines subterráneos con simulación de luz natural, piscinas, spas, salas de cine y una cava de vinos.

Algunos prefieren algo más privado. Por ejemplo, en medio de la paranoia por el Y2K, el millonario Brent Burns construyó en Carolina del Norte un castillo particular con un refugio subterráneo que protegería a su familia del retorno de la humanidad a sus años más oscuros.

En donde sea, los más ricos se están asegurando de poder pasar los últimos días de la Tierra desayunando con mimosas frente a la piscina.

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