A cualquier millennial le puede sonar rarísimo que el Apollo Guidance Computer —responsable de llevar al hombre a la luna en 1969— no tuviera siquiera la capacidad de un smartphone actual y que replicarlo hoy podría costar tan solo 3000 dólares en una tarea de no más de cuatro días. Hace poco, en una escuela de Hangzhou, este de China, implementaron una tecnología para identificar si un estudiante está distraído y así enviarle una alerta al profesor. También en China, fueron arrestados tres delincuentes gracias al uso de técnicas de reconocimiento facial. “Puedes correr, pero no te puedes esconder de la inteligencia artificial”, fue la respuesta de la Policía tras las capturas.

Detrás de la vertiginosa evolución de la inteligencia artificial asoma un mundo que nos sorprende y aterra al mismo tiempo, en especial si pensamos en la Singularidad: el momento en el cual las máquinas serán más inteligentes que los humanos. Ese escenario, que parece sacado de Terminator, ahora resulta inminente y está delimitado por dos momentos específicos: en siete años, 2025, un computador alcanzará la capacidad de procesamiento de un cerebro humano y en 2050, un solo computador tendrá la capacidad de todos los cerebros de la humanidad juntos.

La disrupción de la tecnología cambiará de forma radical todas las esferas de nuestras vidas. En el terreno empresarial, no solo transformará la manera en que desarrollamos negocios, sino la esencia de los negocios mismos y sus bases de generación de valor. Ya no estamos hablando de competencia sino de supervivencia, y esto requiere el desarrollo de nuevas habilidades y nuevas ideas de lo que es ser un profesional, un líder y un empresario en la era de la tecnología exponencial.


Peter Diamandis, uno de los fundadores de la universidad.


Una encuesta global con CEO de varias compañías señaló que más del 76 por ciento de la fuerza laboral actual no se encuentra capacitada para enfrentar los retos de la era exponencial y que los modelos de educación no han evolucionado a la velocidad de lo que hoy se necesita.

Esto llevó al empresario Peter Diamandis y a Ray Kurzweil, científico y futurista, a fundar Singularity University en 2008. Altamente interconectada y alimentada por un coctel de filantropía y capitalismo, la universidad es un think tank élite del futuro, al mejor estilo de Silicon Valley. Compañías como Google y Microsoft asistieron a la conferencia de su fundación y aportaron recursos, la Nasa proporcionó el espacio del campus y el sitio web. Larry Page, cofundador de Google, señaló: “Si fuera un estudiante, aquí es donde me gustaría estar”.

Su objetivo es “reunir, educar e inspirar a una nueva generación de líderes que se esfuerzan por comprender y utilizar las tecnologías exponenciales para hacer frente a los grandes desafíos de la humanidad”. Su creencia en el futuro es tan fuerte que a veces tiene un aire retrofuturista de los sesenta, al estilo de los autos voladores. Sus estudiantes son una rara mezcla entre ejecutivos de alto nivel desorientados con el impacto de la tecnología, científicos, empresarios y jóvenes entusiastas del futuro. Una combinación del antiguo mundo corporativo de las corbatas con perspectivas que parecen tomadas de la ciencia ficción.

En noviembre del año pasado tomé un curso de Exponential Foundation Series, algo así como las claves del futuro de la humanidad comprimidas en cápsulas durante diez semanas. Había visitado el campus por primera vez durante el verano. Recuerdo que lo primero que vi fue el domo del Centro de Investigación Ames de la Nasa, una imponente estructura de ocho acres junto a los laboratorios de Google en los que se desarrolla el proyecto Loon (internet gratuito desde la estratósfera).

El Executive Program, un curso inmersivo de una semana enfocado en ofrecer a ejecutivos de alto nivel herramientas para generar procesos de transformación digital, es la pieza reina de la universidad. Las clases son como charlas TED en las que los profesores ofician como expertos conferencistas. Los temas oscilan entre tecnología, sesiones de design thinking, prototipado, arte y meditación. Estas clases “magistrales”, entre yuppies y hippies, se complementan con talleres prácticos en el laboratorio de tecnología, donde se aprende sobre armado de robots, control de dispositivos electrónicos con la mente, realidad virtual y edición de genes con la tecnología CRISPR, entre otros. También hay espacios como las Bonfire Night Sessions, para interactuar con empresarios del Silicon Valley, y una sesión llamada Pregúntame lo que quieras”, con Peter Diamandis.

La visión empresarial de Diamandis sobre el futuro se basa en el modelo de las 6D, a través del cual explica las fases de la tecnología exponencial: digitalización, decepción, disrupción, desmonetización, desmaterialización y democratización. Muchas empresas como Kodak, Blockbuster, Atari y Polaroid no supieron interpretar los puntos de inflexión del modelo y renunciaron a asumir riesgos que con el tiempo otras empresas han convertido en crecimientos exponenciales.


La Singularidad tendrá lugar cuando las máquinas sean más inteligentes que los seres humanos.


Ante casos fallidos como esos, Singularity University se ha establecido como un centro de inspiración, comprensión y entendimiento del impacto de la tecnología en la sociedad. Sin embargo, a hoy todavía carece de proyectos ‘unicornio’ en su incubadora. Compañías valoradas en más de un billón de dólares o laboratorios de experimentación como los de Stanford (SRI International) y el MIT, lo que le impide hasta el momento generar esquemas de aprendizaje basados en hipótesis y desarrollar modelos tecnológicos escalables.  

La universidad es vista con suspicacia por detractores que la acusan de vender humo y de responder a una realidad que está tardando en concretarse o que es muy difícil de tangibilizar. Google suspendió su inversión anual de 1,5 millones de dólares, lo que llevó a que se cerrara el programa GSP, el más reconocido de la universidad. El CEO de West River, Erik Anderson, reemplazó a Diamandis como presidente, buscando llevar a la universidad a generar más impacto y no transformarse en una empresa de conferencias, en medio de una serie de escándalos por malos manejos financieros y con el staff. Para quienes conocen el sector desde adentro, las preocupaciones son de otro orden. La singularidad resulta un tema sensible que enfrenta a científicos y empresarios del mundo de la tecnología alrededor de ese hito de la evolución exponencial.

Por un lado, están los activistas en cabeza de Elon Musk, fundador de Tesla, SpaceX y PayPal, quien lidera una cruzada para evitar el apocalipsis tecnológico. “Sin supervisión y control, la inteligencia artificial podría ser una amenaza para la existencia de la humanidad. Estamos llamando al demonio”, señaló Musk en una conferencia en la que también participaba Shane Legg, socio de DeepMind, laboratorio de inteligencia artificial de Google, quién afirmó: “Creo que la extinción humana probablemente ocurrirá y la tecnología desempeñará un papel en ello”. Otros líderes como Ashwin Ram, director técnico de IA en Google, sostienen que la inteligencia artificial será la herramienta fundamental de la evolución humana, eliminando tareas sistemáticas, repetitivas o de análisis de información y mejorando así nuestra calidad de vida.

Todo esto nos deja una simple pero intrigante pregunta: si la tecnología continúa su desarrollo exponencial y los humanos seguimos sin evolucionar a la misma velocidad, ¿en los próximos 20 años seremos obsoletos o superhumanos? Hagan sus apuestas.

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