4 de julio de 2026
Historias
Con científicos y en un laboratorio: Así fabrican al nuevo Cristiano Ronaldo
La gambeta empieza a parecer cosa del pasado porque las estrellas del fútbol ahora se buscan entre laboratorios, inteligencia artificial y expertos en biomecánica.
Por: Redacción Soho
A Lionel Messi lo llevaron a la cantera del Barcelona cuando tenía trece años. Parecía mucho menor que un chico de su edad. Gracias a un tratamiento de células madre, su cuerpo cambió. Su tren superior creció y sus piernas se convirtieron en dos portentos que soportaban patadas, corrían a una velocidad impensada y tenían una habilidad única. A los diecisiete años fue campeón mundial juvenil y figura del Sub-20. Un año después haría un gol maradoniano con el Barcelona y el resto es leyenda.
A esa edad, Cristiano Ronaldo era apenas una promesa del Sporting de Lisboa. A diferencia del argentino, no tuvo que cruzar el charco para ser un prodigio del fútbol. Eso sí, a los diecinueve años se convirtió en la revelación de la Euro que se jugó en Grecia y que su selección perdió de manera increíble contra los locales. En ese momento ya era un insustituible del equipo de Sir Alex Ferguson. Pero el trabajo de Cristiano se basó, a diferencia del de Messi, en un mayor esfuerzo físico. Una dieta estricta y balanceada que lo tiene aún a sus cuarenta años jugando en Arabia Saudita y esperando, por qué no, hacer realidad su sueño más dorado: levantar la Copa del Mundo con su selección.
A diferencia de Maradona, que tenía que infiltrarse de manera irresponsable en las rodillas y los tobillos hinchados, lo de Cristiano es mucho más sofisticado. Él usa crioterapia para la recuperación muscular y algo que se llama presoterapia para acelerar el descanso después de los partidos. En repetidas entrevistas afirma que no se toma una gaseosa desde los dieciséis años y que las pechugas de pollo son su manjar predilecto. Mientras tanto, para encontrar su reemplazo, los scouting de todo el mundo ponen sus ojos en canchas sintéticas y no en las de tierra.

Se estima que 180 mil jugadores menores de dieciséis años están siendo evaluados y monitoreados constantemente para encontrar al nuevo Cristiano. A punta de IA se miden la velocidad, la técnica y la biomecánica, que sirven para convertir a la nueva joya del fútbol mundial. El heredero. El fútbol suramericano, con el desparpajo de los carasucias gambeteadores e irresponsables, tipo Garrincha o Lucho Díaz, ya no es el ideal de los observadores.
No, ellos buscan a alguien como Bellingham, el atildado y obediente volante inglés del Real Madrid, o a una especie de androide como Haaland, el implacable bombardero noruego del Manchester United, que resume sus temporadas con registros imposibles: 351 goles a sus 25 años. A este ritmo podrá superar sin problemas los mil goles de Pelé.
Eficiencia por encima de la poesía, así son los tiempos que nos tocan vivir. El capitalismo en su máximo nivel. Por eso, aunque los números de Cristiano y Messi son únicos, nada podrá superar la belleza que vimos en las canchas cuando Maradona, Zico o Willington Ortiz jugaban a ser felices. Y todos lo éramos.
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