4 de julio de 2026
Historias
La tragedia de Neymar, su padre
Una carrera manejada por su padre, el dinero y una tristeza demasiado visible: esta es la historia oculta del ídolo brasileño.
Por: Redacción Soho
En 2017, Luis Suárez, Lionel Messi y Neymar conformaban la que era considerada la mejor tripleta de la historia del fútbol mundial. Se entendían de espaldas, sin decir una palabra. Parecía que todas las cosas buenas que se esperaban de Ney explotaban a sus veinticinco años. Debido a su indisciplina en el Santos, su club natal, el mismo en el que inició a los once años, empezó a creerse que Ney sería uno de esos casos de deportistas que jamás alcanzarían su máximo rendimiento. Fue vendido al Barcelona en una cifra astronómica. «Se perderá», decían sobre él. «Tendrá el destino de Ronaldo y Ronaldinho; los brasileros no pueden con esa fiesta», aseguraban otros. Pero Neymar lo ganó todo en el Barcelona y sus títulos hablan por él. En las cuatro temporadas que estuvo, jugó 186 partidos, marcó 105 goles y dio 76 asistencias. Sí, alguna que otra vez daba escándalos, pero todo era perdonado para el Rey Ney. Y tal vez sus hazañas hubiesen llegado más lejos si su padre, buscando un contrato demencial con los jeques, no se lo hubiera llevado al PSG.
Según los primeros reportes financieros, el PSG pagó 222 millones de euros, pero el monto pudo haber sido el doble. Neymar no tuvo mucho que ver con esa decisión. Él no hace muchas preguntas sobre su carrera. Su papá es su dueño y señor. En casi todas las escuelas de fútbol del mundo se nota cuando un papá deposita toda la confianza de su futuro en lo que puede darle el talento de su hijo. Así es Neymar da Silva Santos, padre, un jugador de fútbol aficionado que nunca pudo llegar al profesionalismo precisamente por el amor que le tenía a la fiesta.

Controlador obsesivo, su esposa y su hijo han hecho lo que él ha querido. Por eso decidió construir un imperio alrededor de la empresa llamada NR Sports, que empezó a cimentarse en el traspaso megamillonario de Ney al PSG. Alguna vez, sobre esta relación, Neymar, escueto y a la vez contundente, afirmó: «Mi padre me lo enseñó prácticamente todo. Siempre cuidó de mí veinticuatro horas al día. Llega un momento en el que ya no quieres eso. Acabas perdiendo a tu padre».
La relación se ve en esa serie de Netflix que tuvo tan malas críticas y que reveló tan sólo un evidente interés comercial. Neymar, la armonía del caos, no es más que siete horas hablando de un producto, de una marca, no de un jugador. Esa presión hizo lo que parece evidente: que la estrella brasileña ya no disfruta de jugar al fútbol y que esto habría tenido que ver con la tristeza de su historia, la de un jugador que jamás estuvo en el nivel que le marcaba su propio talento.
Neymar padre, en 1992, cuando su hijo recién había nacido, sufrió un accidente automovilístico que le fracturó las piernas; nunca más volvió a jugar. Era un volante de marca sin otro talento que la voluntad. No tenía demasiadas posibilidades de llegar al fútbol profesional. Pero en 1998, mientras regresaba a las canchas pedrosas y tierrudas del amateurismo, su hijo empezaba a mostrar un talento único. A los seis años comenzaron a verlo los scouts de más renombre.

Cuando Ney cumplió trece años, su padre recibió quinientos mil reales —unos doscientos mil dólares de la época— por parte del Santos, el equipo en el que Pelé se hizo una estrella del fútbol mundial. Dos años después logró que el Santos le subiera la apuesta y fichara al crío por un millón de dólares. Aquel padre orgulloso dijo ante las cámaras: «Fue el primer millón de dólares que gané para mi familia». No dijo «ganamos», dijo «gané». En 2011, Neymar, con apenas dieciocho años, se convirtió en una revelación del fútbol mundial ganando con Santos la Copa Libertadores, algo que no hacía el equipo de Villa Belmiro desde los años de Pelé.
La empresa Neymar en este momento facturaba once millones de dólares. Seguramente será importante para Ney volver al mundial, pero, para su padre, esto es sólo una anécdota. Él lo necesita concentrado y brillando en sus últimos años en el Santos, en donde recibe, lea bien, 1.3 millones de dólares mensuales. ¿Les parece demasiado? En Arabia recibía diez millones de dólares al mes. Pero, contrariando a su papá, decidió regresar a Brasil, a jugar en el club de sus amores y con el objetivo también de volver a ponerse la verdeamarela. A veces es bueno matar al padre.






