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Cómo es ver una película en el último teatro porno de Bogotá

Por: Karen García

El único teatro de cine para adultos de la ciudad está en extinción. Sus dueños tienen a la venta el edificio y tan pronto salga comprador, el cine porno tal y como se conocía en el siglo XX, pasará a la historia. El recorrido de una periodista de SoHo por ese lugar del pasado.

22/6/2022

Condones usados tirados en el suelo, olor a semen -mucho olor a semen- gemidos poco excitantes y un aspecto desagradable en general. Así me pintaron el último cine para adultos de la ciudad, pero y ¿qué si no era así? Me puse en la tarea de encontrar teatros porno en Bogotá y me di cuenta que el último que queda está “despidiéndose” desde 1980.

Tomé un taxi hacia el centro, me bajé a unas cuadras y me dejé deslumbrar por la arquitectura intacta del Teatro Jorge Eliécer Gaitán. A tan solo unos metros se encuentra el cine porno en extinción, como una ‘cueva oscura’ y sin letrero, al lado de una frutería y una tienda de venta de celulares, justo en la entrada había un árbol que lo cubría. Un espacio de cinco pisos cubierto en su mayoría por graffiti callejero y un viejo cartel en el tercer piso que dice: “se vende este edificio”. Llamé para saber en cuánto lo estaban vendiendo y el sujeto en el teléfono dijo que 1.450 millones de pesos.

La verdad es que me sentía como cuando Margot Robbie en la película Once Upon A time in Hollywood, caminaba hacia la taquilla de un cine clásico con una gran sonrisa en su rostro y se acerca a la ‘cartelera’ para ver The Wrecking Crew de Dean Martin. El recorrido que hace la cámara del filme mientras ella se traslada hacia la sala de cine, permitió percibir la instalación recreada de los años 60.

Una pieza de arte antigua. Así me sentía en el teatro en extinción. En la parte derecha vi dos lienzos enmarcados con imágenes de sensuales labios de color rojo, uno de ellos con un piercing y el otro probaba una deliciosa fresa. Al frente la silueta de una gata sexy con cuerpo femenino, sosteniendo un cigarrillo en su mano, un bastón en la otra y sensuales ligueros en sus piernas rosas. A mi izquierda, una selección de rostros de actrices, poses sensuales, mujeres y más mujeres.

Cuando me acerqué a la taquilla estaba una señora con expresión de amargura. Su pelo era crespo y oscuro. Aparentaba más de 40 años de edad. Usaba una blusa de botones en seda roja y su expresión de ‘¿qué buscan?’ Era apenas evidente. Le dije que quería ver una película, que esa era mi primera vez allí y no sabía cómo funcionaba. La mujer me miró y respondió: “las mujeres no pueden entrar al piso de abajo, únicamente hombres”. Le pregunté: “¿por qué?”. Y sorprendió: “porque las mujeres vienen a buscar hombres y esto se nos convierte en un burdel. Como dije, únicamente hombres. En el segundo piso, se admiten parejas. Hoy por ser martes está vacío, pero los jueves vienen varias”, agregó.

“¿Y cómo funciona?”, le pregunté. A lo que contestó: “ponemos cuatro películas que ruedan desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde”. Entendí que por 12.000 pesos (precio de ingreso) podíamos quedarnos el tiempo que quisiéramos. Nos dio dos tiras de papel delgadas de color amarillo, con un sello en forma de número que indicaba el NIT, la productora y el nombre del teatro.

Lo siguiente que vi a diferencia de los típicos póster que aparecen en los cines convencionales, fueron molduras de varias fotografías juntas de Marilyn Monroe, Charles Chaplin entre otras personalidades históricas del mundo del entretenimiento. El encargado nos recibió los tickets y nos mencionó: “el dueño es gran admirador del trabajo de estos artistas”. Y es que hasta donde se sabe, las familias que fundaron el teatro en la década de los 70 ostentaban ser grandes empresarios del cine hasta que llegó Cine Colombia y echó a pique todos los teatros pequeños del centro de Bogotá.

El hombre nos dijo que subieramos por unas escaleras oscuras. Mientras lo hacíamos, nos encontramos rodeados por pinturas de más de un metro de altura que esculpían el cuerpo de varias mujeres y hombres desnudos. Se veían descubiertos pero adornados con prendas de ligera sutileza. Casi todos tenían un fondo de cielo nuboso y sus expresiones faciales llamaban al placer.

Al fondo se veía un telón rojo, pesado y oscuro. Lo empujamos y vimos un enorme teatro. La pantalla se veía de casi 8 metros de ancho por 5 metros de altura. El piso casi no lo veíamos, más bien lo sentíamos. Las sillas eran de estructura ergonómica y metal con boceles de aluminio en los laterales.

Me impresionó la altura del techo y el perfecto estado de la celosia en madera que decoraba todas las paredes de arriba a abajo. Aunque todo estaba oscuro, se alcanzaba a percibir por la pantalla que los muebles eran en tono vino con verde oscuro. No voy a negar que cuando iba a sentarme se me vinieron a la cabeza muchas imágenes de la historia que podrían contar esos sillones en términos sexuales, pero si estaba allí, tenía que dejar todos los prejuicios a un lado.

La película que estaban transmitiendo era de una mujer con senos prominentes, cabello rojizo rizado, piel blanca, vestía un traje de mucama y hacía todo tipo de sonidos mientras un sujeto con pene moreno la penetraba. La cinta se veía antigua pero tenía alta resolución.

Bloqueé a los actores porno y mi excitación por un momento para analizar lo que realmente me interesaba. Inicié por el olor, pero no sentía nada. Tal vez porque fui un día en que no ocurre mucha acción en el segundo piso. De hecho, tampoco vi ningún condón tirado en el suelo y eso que me paré a buscar disimuladamente con la luz del celular, pues adentro no se permite usar cámara o alumbrar.

Lo peculiar de la situación es que podía observar desde arriba todo lo que sucedía en el piso de abajo. Parada en aquel balcón del teatro, mientras oía cómo un enorme ‘macho’ negro penetraba a la rubia en la siguiente película. Vi cómo un hombre de unos 40 años se paró de su asiento para bajarse los pantalones ante otro que quería chupar su miembro. De repente comenzaron a sonar sus fuertes succiones. Pensaba ¿cómo pueden ver cine porno de mujeres, mientras se lo hacen a un hombre?. Mi acompañante me dijo: “eso es pura arrechera”, ¡pero eso no tenía mucho sentido!

Luego llegó otro hombre, este se veía más joven, tenía una mochila en su brazo y se notaba que acababa de llegar. Tan pronto vio a los dos hombres se les sentó al lado para apreciar de cerca el show en vivo o tal vez porque quería ‘una probadita’. Más atrás estaba otro sujeto con los pantalones abajo. Masajeaba de arriba a abajo su pene mientras veía los dos espectáculos, a la actriz y los dos hombres. Un poco a la izquierda estaban otros tres hombres en especie de ‘hilera’, algunos con los pantalones abajo y otros ‘esperando a su momento’.

Observé por un rato más que era lo que hacían ‘en el prohibido piso de abajo’. Vi cómo varios hombres sacaban condones para penetrarse los unos a los otros. Eran pocos. Conté casi 7 personas. Luego la película cambió, salió en pantalla una joven ‘cachonda’ que tenía varios juguetes sexuales. Movía sus senos de un lado a otro para provocar. Hacía sonidos mientras se introducía un vibrador y comenzaba a jugar con su cuerpo. Bajé la mirada para ver un poco más y todos parecían más encendidos que antes, como en una fiesta swinger cuando ya se entra en confianza. Se estaban masturbando al tiempo. Parecían conocidos. Clientes frecuentes que le llaman.

Días después de haber visitado el teatro tuve algunas conversaciones al respecto. Algunos habían experimentado el placer de tener sexo en un cine porno en pareja. Otros lo habían encontrado terriblemente asqueroso. Lo que más les impedía visitar el lugar a la mayoría, era el tema del olor y la imaginación de lo que pudo pasar ahí.

Incluso me dijeron que nunca dejaban entrar al último piso porque era “el cu.... de adultos mayores con niños”. Un horror. También dijeron que la terraza era un punto de encuentro gay con una vibración energética muy pesada (según lo que vi, no suena tan descabellado). Lo que sí me pareció extraño y me lo cuestioné bastante, fue ¿cómo un sitio de ese tamaño puede sobrevivir incluso a la pandemia desde los años 80, con tan poca clientela y un costo de ingreso tan bajo?

-Intenté contactar con el dueño del establecimiento pero este se negó a dar entrevistas-.

¿Qué ha pasado con el porno desde los 80′s?

Andrés Julián León Aristizábal es conocido como SoldierHugeCock (nombre de actor porno) y empresario de la productora ArmyProductions, cuenta los cambios que ha tenido una industria que cada vez se consume más en casa, con una paradoja, no se hace en lugares clandestinos pero públicos como los teatros, sino en la privacidad. “La evolución de lo que se vivía años atrás en comparación con la actualidad es bastante, empezando por lo tecnológico. Hoy en día todo este material lo tenemos disponible con un par de clicks. Esta clase de teatros siempre fueron a escondidas por los diferentes tabúes que se vivían en la época, ahora a pesar de aún tener ciertos tabúes, es un poco más abierto el tema de la pornografía”, indicó.

Y añadió: “viéndolo desde Colombia hay un gran avance y mejor proyección hacia mercados que antes veían al país como un sitio de “mano de obra” barata. Ya podemos ver muchas chicas Colombianas en mercados europeos y norteamericanos cobrando por sus actuaciones cifras nada despreciables”.

Respecto a las demandas del público espectador, León opina que “es bastante variado, ya que existen muchas categorías en la industria, pero sin duda alguna lo que mas buscan los espectadores o por lo menos desde nuestro lado son los típicos videos caseros o amateurs… Les gusta mucho el video donde no hay tanta preparación y sale un poco más al natural”.

Finalmente sobre la aparición de nuevos actores en el mercado como OnlyFans, SoldierHugeCock considera que “el impacto es realmente beneficioso para las personas que nos dedicamos a la creación de contenido, ya que NO dependemos al 100% de productoras… Muchas chicas o chicos son excelentes y tienen un buen desempeño frente a la cámara, pero las productoras no las tienen en cuenta por diferentes factores. Entonces esta clase de plataformas nos brindan la opción de poder incursionar en la industria sin depender de las productoras”, concluyó.

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