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Sexo

Claves para tener una amante y no ser pillado en el intento

Por: Miguel Valencia

Es un secreto a voces: a los hombres les descubren más las infidelidades que a las mujeres. Sin hacer una apología, pero sí para servir de ayuda, este es un paso a paso para que no termine pillado

Tener amante es una ‘profesión’ de alto riesgo. Muchos hombres viven encantados de tener una doble vida, querer distinto, hacer el amor en la clandestinidad y sentirse más jóvenes y poderosos al tener una pareja paralela y escondida.

Seguramente hay quienes —con razón— consideren que esa visión es machista y que es involutiva, aunque otros también, con argumentos, creen que la poligamia es una obligación biológica. De hecho el 83 % de sociedades estudiadas por el antropólogo Peter Murdock confesaron que entre sus normas está que un hombre tenga varias mujeres.

Aunque suene feo y vulgar, la expresión coloquial de ‘tener moza’ ya está normalizado por la RAE que define esa palabra como la “mujer que mantenía una relación sexual o amorosa ilícita con alguien”.

Nada dice de los ‘mozos’ con la misma acepción. Sin embargo, aunque existe la idea de que son los hombres los mayores infieles, también es cierto que son los que más se dejan pillar. Ellas no. Es muy posible que mientras usted lea este artículo tenga los cachos puestos y ni siquiera lo sepa.

Quizás su pareja, en quién usted tanto confía, es una mentirosa consumada, experta en hacer maromas con las palabras, echar cuentos dudosos, fingir horarios, planear ‘saliditas’ imprevistas, decir que el amigo con el que habla es gay o argumentar que el chat que le encontró en WhatsApp —si es que logra hacerlo— era solo “una conversación con un cliente”.

Solo se vive una vez

La mujer joven se siente deprimida mientras su novio está enviando mensajes de texto por teléfono celular con otra mujer.

Pero espere, tranquilo. Si usted también quiere tener a la ‘otra’, irse de motel el viernes toda la noche tras comer con ella y decirle a la oficial: “se me quedó el celular sin batería”, tiene que aprender una serie de tácticas.

La primera es borrar chats. Una indicación muy sencilla, fácil de hacer, pero que usted puede olvidar por un descuido o porque subestima el poder de rastreo que tienen ellas. Que no le pase que le llegue un mensaje imprevisto lleno de diablitos morados mientras están viendo una película.

Si ella le coge el celular tiene que encontrarse con un ‘equipo virgen’: sin historial y con perfiles bloqueados momentáneamente. Es clave que usted tenga a distancia a la moza (recuerde que es palabra castiza, así suene fuerte) por lo que lo más aconsejable es que aplique el bloqueo cuando esté con ‘la oficial’.

No va a querer que le llegue un nude del otro lado del chat que usted ha estado esperando, pero para otro momento.

También esté pilas con las contraseñas de las redes sociales. Ese discurso de que ella debe saberlo por mantener un ambiente de confianza entre ambos, es carreta. El que sale perdiendo es usted porque ellas saben hacer sus mañas para nunca ser descubiertas.

Más allá de eso, que es clave porque las mujeres son más detallistas que los hombres, lo que tiene que aprender es a mentir. Y sí, si usted se metió en la difícil empresa de tener una amante, tendrá que mentir con más descaro y convicción que un político investigado en plena campaña.

El que no arriesga no gana

Como lo más rico es lo prohibido, si quiere mejorar sus habilidades como infiel debe pensar en tener aventuras ocasionales, es decir, cambiar de moza con frecuencia porque una amante fija hace que sus hábitos y costumbres se modifiquen por más tiempo, se hagan sospechosas y ahí es donde lo pueden pillar. Esos son algunos de los consejos más concretos que explicaron Antonio Pérez Henares y Carlos Malo Molina en Cómo ser infiel sin que te descubran.

Los autores también dicen que es importante sostener una mentira a partir de muchas verdades con gran seguridad y nunca cometer el pecado mortal y el error capital de llevar a la casa a su pareja de la clandestinidad, porque con cualquier detalle —como un arete, un cabello o un olor particular— puede desencadenar las sospechas de su novia o esposa.

Foto: Getty Images

Además, no sea conchudo, intente que su amante no haga parte de su círculo social, laboral o estudiantil y que su novia no la conozca, para evitar al máximo las sospechas. Entre más lejos mejor.

Tener otra mujer sin que su pareja lo sepa —porque para ser más leales existen las relaciones abiertas— implica tener comportamientos delincuenciales, aunque no necesariamente sea un crimen.

Otras recomendaciones que aplican en estos casos es andar con mucho dinero en efectivo, evitar pagar con tarjeta todas las salidas que haga y abstenerse de usar plataformas de transporte que le envían al correo su lugar de origen y destino, incluso queme los recibos del motel, de comida y por supuesto el regalito que le haya hecho. Todo eso lo puede delatar.

Asimismo, procure no contarle ni a su mejor amigo sobre su aventura —si la vanidad se lo permite— o hágalo sólo si le sirve como coartada para fugarse un viernes o un fin de semana completo. Así usted esté andando con la más buena, cuantos menos sepan es mejor.

Lo malo de lo bueno

“La ventaja de la infidelidad es que se satisface un estímulo novedoso, una necesidad, aumenta la pasión, hay un mayor reconocimiento y, por supuesto, crece la autoestima de la persona”, aseguró Andrés Gamba Peña, psicólogo y magíster en psicología clínica y psicoterapeuta.

“Si alguien se entrena muy bien en sus conductas, coordina sus tiempos y ajusta su conducta, puede mentir y mantener la infidelidad por mucho tiempo”, explica Gamba Peña, pero también aclaró que para él es un gran problema creer en la cultura ‘del vivo vive del bobo’, por lo que lo más sano sería hablar con la verdad con la pareja y hacerle saber que otras mujeres le pueden interesar para tener algo. Quizá ella también esté interesada en lo mismo con otras personas.

De eso dio detalles. Según contó, en sus consultas ha visto a personas que le confiesan a su pareja la infidelidad y a veces la contraparte lo acepta y termina ampliando los límites de la relación. Todo está en la perspectiva, ¿quién quita que usted lo logre?

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