Una apuesta por reafirmar la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso de la sociedad, eso es Enlightenment Now. Sus 576 páginas son un entramado de ejemplos históricos, análisis de grandes oleadas de datos y argumentos de sobra para revalidar en esta época los ideales de la Ilustración.

¿Pero cómo hablar del progreso de la humanidad en un planeta donde el líder de la mayor potencia es un empresario xenófobo y racista; donde Ciudad del Cabo, en África, es la primera urbe bajo la amenaza de quedarse sin agua; donde las crisis migratorias a causa de la guerra y el populismo no paran; donde el hambre todavía mata a miles de personas? Y, además, ¿para qué hablar de estos ideales ahora?

La respuesta de Pinker es que los intentos por mantener los principios de la Revolución Humanitaria se han ido en picada. Desde 1960, la confianza en las instituciones decayó notablemente, mientras que algunos movimientos populistas que subieron al poder actuaron en detrimento de los ideales de la Ilustración. “Los líderes populistas tienen una visión tribal en vez de cosmopolita, son autoritarios en vez de democráticos, miran de forma despectiva a los expertos en vez de respetar el conocimiento y ven con nostalgia un pasado idílico en lugar de divisar la esperanza de un futuro mejor”, sostiene.

En Enlightenment Now la indiferencia, el escepticismo y el desprecio frente al florecimiento y evolución de la sociedad desaparecen. El libro, que se ha vuelto fenómeno en Norteamérica y que llamó la atención de Bill Gates, el magnate de Microsoft como para catalogarlo en su página web como su nueva “obra favorita de todos los tiempos”, es un manifiesto para entender el mundo y habitarlo más allá de la obviedad moderna.

Pinker define la narrativa de la prosperidad a partir de conceptos de ciencia básicos como evolución, información y entropía. El teórico de 63 años usa, por ejemplo, la ley de la entropía para explicar que las personas serían más sabias si en lugar de hacerse daño se ayudaran unas a otras.

Se basa en evidencias para mostrar una perspectiva más completa del gran momento que vive hoy la sociedad, pese a la percepción de desesperanza generalizada. Por ejemplo, para 1929 alrededor de 20.000 personas morían en su lugar de trabajo en Estados Unidos. Después de 89 años, ese número se ha reducido a 5000. El autor también recuerda que hoy la guerra es ilegal. Puede sonar demasiado evidente, pero el simple hecho de que existan organismos internacionales que protejan los derechos humanos es un gran avance que ha significado una reducción relevante en las muertes por conflictos armados: por año, estas representan apenas el 0,5 por ciento del total de personas que fallecieron en la Segunda Guerra Mundial. Pese a Isis, Hamas y Hezbollah; pese al ELN, el Clan del Golfo y los Rastrojos, es más probable morir en un accidente de tránsito que en un ataque terrorista.

También anota que según la World Values Survey, una red global que explora las opiniones de la gente, de 1981 a 2007, 45 de 52 países han incrementado su índice de felicidad. Eso va de la mano con progresos técnicos cruciales. Gracias a la electricidad, las vacunas y la ingeniería, la vida es más fácil y más segura. Por ejemplo, en 1920 las personas le dedicaban alrededor de 11,5 horas semanales a lavar ropa. Para 2014 esta actividad solo requirió una hora y media en la mayoría de continentes. Y gracias a la nutrición y a un ambiente más sano, los niños pueden desarrollar más su inteligencia: cada década el coeficiente intelectual (IQ, por sus siglas en inglés) aumenta tres puntos.

El universo no está diseñado con un propósito. El escritor expone que realmente la posibilidad de que exista la vida humana y de que las personas sean felices y vivan en armonía es mínima, y solo existe gracias a la razón y al lenguaje. Por eso es que las prácticas bárbaras, que durante muchos años fueron aceptadas, hoy son inadmisibles. Por eso ahora se puede hablar de paz, cuando antes no importaba. Y por eso, pese a que los críticos de Pinker argumentan que su postura está parcializada, es que vale la pena leer este libro.

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