Cuando Álvaro Clavijo decidió abrir un restaurante, tenía claro que la armonía entre los productos locales y las técnicas vanguardistas en la cocina era indispensable. Además, que era importante hacer que los rábanos picantes, el maíz, la gulupa, el corozo y la zanahoria convivieran con la pesca sostenible, la producción orgánica y la cocina de primera. Por eso, después de aliarse con el arquitecto bogotano Luis Restrepo, construyó El Chato, un espacio crudo y acogedor donde la madera y la naturaleza invitan a los curiosos a ser parte de una experiencia moderna y ornamental. (Lea también: Los tragos de Manuelita)

Una vez allí, detrás de la barra se encuentra Mauricio Trujillo —jefe de barra—, el encargado de crear todos los conceptos y sabores que ofrece El Chato en cuanto a coctelería. La joya de la corona es la Mula Arisca, una reinvención del clásico Moscow Mule en el que dialogan el jugo fresco de limón, la gaseosa de jengibre y el Ancho Reyes —licor a base de chile ancho—, todo en un pocillo de cobre helado. Esta mula es picante, dulce y ácida y destaca entre sus hermanas: la mulata, que tiene un sabor más cubano; la irlandesa, que se prepara con Jameson, y la clásica Moscow Mule, que lleva Absolut.

Dónde: calle 65 n.° 3B-76

Facebook: El Chato

Instagram:  elchatobogota

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